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Crítica Maestra: ¿en qué falló “The Cloverfield Paradox”?

cloverfield mala
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El otro día en el Super Bowl, además del partido, dieron muchos tráilers pulentos y Netflix no se quedó atrás. Incluso hizo exactamente lo mismo que Kylie Jenner: anunció su embarazo cuando la guagua ya estaba lista. En este caso la guagua era una película llamada The Cloverfield Paradox y el anuncio del embarazo fue el tráiler, pero ZUÁCATE, la película ya estaba disponible para verla esa misma noche, tal como la guagua del clan Kardashian ya estaba disponible para ser auspiciada por GAP.

Y bueno cabros, les tengo malas noticias porque esta guagua Cloverfield en realidad está súper morada, tiene la cara hinchada, manos arrugadas de anciano en miniatura y tiene pelos disparejos de chimpancé en la cabeza, así que vamos a tener que sonreír no más y decir que por lo menos tiene salud.

Y después de verla la verdad es que es una guagua que no debería existir y lo que tendríamos que hacer es viajar en el tiempo para impedir que sus papás se enamoren. Saben qué, mejor dejemos la metáfora de la guagua porque se está poniendo complicada la cosa.

¿Era mentira eso de que no hay bebés feos?

The Cloverfield Paradox (“La paradoja Cloverfield”) es la tercera película en la saga de películas con la palabra “Cloverfield” en el título y esta vez se trata de unos astronautas pelmazos que van al espacio con la importante misión de activar un acelerador de partículas para así solucionar la crisis energética terrícola que tiene a todo el mundo al borde de la extinción, aunque en la película todos en la Tierra andan en auto, tienen tablets/teléfonos futuristas pulentos y pueden tener conversaciones por Skype con naves espaciales sin que se corte ni un solo poco. Pero es cuestión de vida o muerte, la humanidad depende de ello, etc. Y una vez que prenden el acelerador de partículas: ándate cabrito.

Pues verán, “Paradoja” es una palabra que viene del latín paradoxum y que significa “Mezclar películas como Alien, Contact, Event Horizon, Sunshine, Another Earth, y algunas más nuevas como Interestelar, Prometheus o Life”. Porque como explica un científico en la misma película, acelerar partículas puede provocar caos, modificar la gravedad y cosas sofisticadas de ciencia incomprensibles para gente analfabeta como uno… ¿como traer demonios? (*Carl Sagan se desmaya*). Y aunque los astronautas no traen demonios, sí terminan trayendo a Dedos de Los Locos Addams o a esa comadre larguirucha dorada de Guardianes de la Galaxia 2, que aquí se dedica a mirar a todo el mundo de manera sospechosa, pero no importa porque todos la incluyen igual en las tareas de la tripulación. Total, qué tanto, puede que sea un ser completamente desconocido de una dimensión paralela, pero es astronauta y entre colegas hay confianza.

La protagonista de la película es una de las San Juniperos y en esta película está triste porque perdió a sus dos hijos, aunque cuando conversa con el pololo no se nota ninguna tragedia entre ellos. Pero da lo mismo porque si algo nos enseñaron películas como Contacto o Interestelar, es que los viajes espaciales sirven justamente para reencontrarse con los seres queridos perdidos en la Tierra, así que ya pueden imaginarse para dónde va la cosa.

También actúa el héroe nazi de Inglorious Basterds, el Martin Luther King de Selma, el señor chistoso de The IT crowd y todos siempre están peleando porque no se ponen de acuerdo si devolverse a la Tierra (que no encuentran), solucionar la crisis energética (inexistente) o gritar. ¿Saben qué? Creo que todos nosotros le debemos una disculpa a Ridley Scott por esos científicos tan poco científicos de Prometeo y/o Alien Covenant.

Les juro sobre la tumba de mi primo Feto que en esta película los científicos dicen cosas como “¡Estamos cabeza abajo!” (en el espacio), “Tenemos problemas de temperatura, prendamos el ventilador” o “Cuidado porque la gravedad está vuelta loca”. En otra escena un personaje poseído por el estrabismo decide hacer maldades en la nave, así que pone un pendrive en la computadora central y lo primero que aparece en la pantalla es “¿Ignorar todos los sistemas de seguridad? Y/N” lo juro.

Después se hace una pistola (con balas) en una impresora 3D y todos los científicos para dentro sin poder creer que haya una pistola en el espacio. En otra escena un personaje le manda un mensaje a su otro yo del universo paralelo y le da consejos como si hubiese viajado en el tiempo. Dicen que Neil deGrasse Tyson estaba viendo esta película, le dio cáncer, después vomitó el cáncer y hoy día el cáncer se consiguió una identidad falsa y anda por la ciudad asaltando bancos y secuestrando perritos. Así de mal.

Lo que estoy tratando de decir es que The Cloverfield Paradox es una gran comedia que hará reír a grandes y chicos, así que si la van a ver por favor júntense con la mayor cantidad de gente posible y pásenlo increíble gritándole cosas a la pantalla. Menos mal que apareció en Netflix y la podemos ver en la comodidad de nuestras casas, porque si la hubiesen estrenado en el cine y tuviéramos que pagar entradas, estaría mucho más enojado alegando y advirtiéndoles a todos que ni se acerquen a esta cuestión, por el amor de Dios.

¿Y qué tiene que ver esta película con las otras Cloverfield? Les voy a contestar pero esto podría considerarse un SPOILER así que sáltense al párrafo subsiguiente si no quieren saber algo que da absolutamente lo mismo.

Bueno, no sé si lo dedujeron del resto de la crítica, pero resulta que al prender la maquinita aceleradora partículas se arma un “acabose cósmico” donde no solo aparecen rubias siniestras y miembros cercenados con identidad propia, sino que también aparecen monstruos en la Tierra que pisotean todo, sin importar la crisis energética.

Uno de estos monstruos sería el Cloverfield de la primera película, aunque en esta se ve uno igual pero mucho más grande, tan alto que atraviesa las nubes. En otras palabras, la primera película sería una de las Tierras del multiverso Cloverfield (donde no había crisis energética) y resulta que apareció un monstruo de la nada producto de los experimentos de unos astronautas en otra Tierra paralela. ¿Se acuerdan en Los Simpsons cuando en un capítulo explican que “los científicos inventaron la magia” lo cual hacía posible todo tipo de tonteras sin explicación? Bueno, pues eso mismo. Gracias por nada, Cloverfield.

En resumen, una película para toda la familia, que hará reír hasta al más exigente, pero que provocará accidentes cardiovasculares en cualquier Neil deGrasse Tyson que se tope con ella. De todos modos, acuérdense que está en Netflix, así que la pueden disfrutar a través de un televisor LG.

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