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¡Crítica maestra! Londres bajo fuego

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No sé si vieron una película de acción llamada Olimpo bajo fuego (2013) pero se trataba de un montón de terroristas mala onda que decidían seguir el ejemplo de los extraterrestres y atacaban la Casa Blanca, que es como La Moneda gringa pero sin perro callejero durmiendo siesta frente al guardia de palacio. El plan de los terroristas era secuestrar al presidente de los Estados Unidos (I, Frankenstein) y pegarle sus buenos papes por ser tan gringo apestoso y por Ronald McDonald y por la música country o qué sé yo. La cosa es que no contaban con que uno de los guardaespaldas del presidente (Dracula 2000) muy brígido les iba a arruinar los planes, porque el compadre se pasa toda la película apuñalando terroristas en la cabeza y resulta que es muy difícil secuestrar presidentes y hacer terrorismo con un cuchillo en el cerebro.

Bueno, al parecer a mucha gente nos gustó esa película, así que los peliculastas decidieron hacer una segunda parte, ambientada esta vez en Londres porque entre Batman vs. Superman, Los Vengadores y San Andreas ya no quedan monumentos que botar en Estados Unidos. El presidente sigue siendo el mismo, pero el guardaespaldas tiene a la esposa embarazada y pronto la única espalda que va a guardar va a ser la de la paternidad responsable así que está considerando el retiro. Con tanta mala suerte que justo se muere el Primer Ministro inglés lo cual significa que todos los líderes del mundo estarán en el funeral, y eso para los terroristas es como un buffet tenedor libre todo-lo-que-puedan-matar. El guardaespaldas le dice al presidente que mejor mande sus condolencias por mail pero el otro no, vamos igual y aprovechamos de sacarnos una foto en el paso de cebra de los Beatles, y el guardaespaldas bueno ya vamos, y parten.

Pero claro, obviamente todo es una trampa de los terroristas que tienen todo listo para dejar la mansaca, y antes de que uno alcance a decir Hugh Grant empiezan a explotar los monumentos famosos de Inglaterra como el Harry Potter Square, el Spice Girls Center y por supuesto el Big Benedict Cumberbatch. Por si eso no fuera suficiente, después empiezan las encerronas a las limusinas y todos los líderes del mundo empiezan a caer como moscas, menos la comitiva chilensis que iba atrasada menos mal. Pero a los terroristas no les importan los líderes del mundo, el único que les importa es el presidente gringo y sus planes son tan mala onda que piensan echárselo por streaming en YouTube y hacer un viral con hashtags y sortear un misil entre los que pongan like y compartan el post. Y mientras el presidente no puede creer que los dos ataques terroristas más grandes de la historia de la humanidad ocurran bajo su mandato, el guardaespaldas brígido decide arremangarse y mandarse la gran John McClane, de nuevo. Pero en Londres.

Y mientras está quedando la grande, los demás políticos gringos están todos encerrados en uno de esos salones de mesa larga con teléfono al medio y pantallas en las paredes, reaccionando a todo lo que pasa, y explicando con peras y manzanas para que uno no se confunda en ningún momento. Lo juro, si hay una explosión estos compadres en el salón de mesa larga dicen “Señor hubo una detonación” y otro agrega que “Fueron los terroristas” y para que no queden dudas un tercero agrega “Y el presidente está ahí que Dios nos ayude a todos”, así que esta es la película perfecta para llevar al cine a Dory de Buscando a Nemo porque ni ella se va a perder. Como los peliculastas necesitan actores de verdad para estos importantes personajes, hay cualquier galardón en el gabinete, pero el más famoso es lejos el vicepresidente (y Dios) Morgan Freeman, que le pone la voz profunda temblorosa a todo y hasta a uno le dan ganas de saltar delante de las balas por Estados Unidos.

Aunque saben qué, lamento informar que Londres bajo fuego no es ni por si acaso tan buena como Olimpo bajo fuego principalmente porque se les pasó la mano con la tontera y no se puede creer lo repetido que es todo, al punto de que a los veinte minutos de película a uno le importan más los terroristas que el presidente. Los efectos especiales se ven demasiado computarizados y todas las escenas de acción pareciera que ya las hemos visto antes, y mejor. Hay una balacera pulenta en que el camarógrafo se mete a todas partes sin nunca cortar la cámara que pareciera sacada de otra película (por lo buena), pero es el único momento en que despertó el fliméfilo que llevo dentro, y no fue suficiente (sorry). También tengo que denunciar que el cambio de locación de la Casa Blanca a Londres no cumple tanto como debería, principalmente porque las mejores partes son de noche en lugares abandonados que podrían ser lo mismo, en vez de ir a lo lugares bacanes que uno conoce de las películas, como la librería de viajes de Notting Hill, o la puerta azul de la casa de Notting Hill, o por último el parque ese de Notting Hill. Mal ahí, Londres bajo fuego.

Si le voy a recomendar esta película a alguien, ese alguien será aquel fanático incondicional de todas las películas de acción. Porque esta película sigue teniendo el espíritu de macho alfa gringo apestoso bueno para decir frases abacanadas patriotas antes de pitiarse a algún terrorista. No hay tantas apuñaladas en la cabeza, y en general es mucho menos violentosa y brígida que la anterior, pero si quieren hacer descansar el cerebro un rato y entender por qué Donald Trump tiene tantos votantes, viendo esta película pueden entender por qué. Así que eso, doscientas millones quince mil tres estrellas y un Mr. Bean Award al guardaespaldas del presidente por su capacidad de meterse en tantos problemas tan rápido. Maestro.

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