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Imperdible en Netflix: Cooked

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No llevaba ni veinte minutos de Cooked, el nuevo documental de Netflix, cuando me di cuenta de algo hermoso: el documental me estaba volando la cabeza. Yo juraba que este tipo de reacciones estaban reservadas para esos documentales polémicos, los que develan verdades sobre el mundo que uno no quiere (o no puede) ver. Qué sé yo, documentales sobre el cambio climático, sobre las políticas de las naciones poderosas, sobre las conspiraciones que nos impiden ser felices, etc. ¿Qué podía decirme un documental sobre la cocina, basado en un libro de un señor muy delgado y buena onda llamado Michael Pollan? Pues justamente lo que hacen los documentales polémicos: me develó una verdad sobre el mundo que yo no quería (o no podía) ver.

Tal como dice el mismo Michael Pollan, hoy en día estamos llenos de programas de cocina. A todos nos gusta ver el reality con concursantes que se esmeran por cocinar y nos fascinamos con sus creaciones, aunque nunca podamos probarlas nosotros mismos. Nunca me había dado cuenta, pero ver un reality de comida es como ver un reality de canto en que nunca escuchamos a los concursantes cantar. Los vemos entrenar, los vemos prepapararse, y cuando llega el gran día, solo vemos su ropa, y sabemos qué canción cantarán, pero sería todo. Nos quedamos con la opinión de los jueces como última palabra. ¿Por qué nos gusta esto? Según Michael Pollan es porque todavía estamos conectados a la cocina como experiencia humana, por nuestra historia familiar, porque nos recuerda a otros tiempos, etc. Ya no cocinamos, la vida moderna nos deja demasiado poco tiempo (“supuestamente”), pero seguimos sintiéndonos atraídos a esta costumbre cada vez más lejana. Qué loco, ¿no?

¿Bueno pero de qué se trata Cooked? Yo les cuento. Es la adaptación (en cuatro capítulos) del libro del mismo título de Michael Pollan, periodista, escritor, académico, etc., y aborda la historia de la cocina desde un punto de vista antropológico que reflexiona cómo nos afectó como especie cosas que hoy son tan simples para nosotros, como el “fuego”. Según Pollan y sus entrevistados, hoy día somos lo que somos porque un cavernícola descubrió por accidente que la carne “quemada” sabía mejor que la carne cruda, y ahí empezó todo. Siguen en el documental una repasada de la historia, las culturas y hasta las implicancias biológicas de lo que nos pasa (y no nos pasa) con la cocina. ¿Un ejemplo? En el primer capítulo (“Fuego”) aprendemos que gracias al proceso de cocinar, que hace posible extraer los nutrientes de muchos alimentos distintos que saben mal por separado y hacerlo delicioso, no necesitamos masticar tanto, y nos permite llevarle energía suficiente al órgano que más lo necesita: El cerebro. Esto a lo largo de millones de años no solo nos ha hecho más inteligentes (“somos la única especie que cocina”), también ha modificado nuestra anatomía, haciendo innecesarias las mandíbulas sobredimensionadas y con colmillos de primate que alguna vez tuvimos, por la cara plana de dientes chiquitos que tenemos ahora. Y esto es el principio no más.

En el segundo capítulo (“Agua”) el compadre nos muestra todo lo que ocurre cuando inventamos las cacerolas y decidimos hervir los alimentos unos con otros. Qué pasa con las verduras que se hierven juntas, qué tiene esta sociedad que le resta importancia al cocinar, y qué pasó cuando en los años cincuenta la industria alimenticia decidió introducir los alimentos “procesados” (y cómo decidió enfocar su campaña a “liberar” a la mujer de la cocina), son algunos de los puntos que van tocando, y mientras más minutos pasaban yo más entendía la importancia de lo que nos echamos a la boca, y por qué debería importarnos a todos.

Los dardos de Cooked son varios, y los están dirigidos directamente a la yugular de la industria alimenticia son los mejores. Según Michael Pollan y sus amigotes, si hay un responsable de que la cocina sea mal vista hoy en día, esa es la industria alimenticia. A las corporaciones les sirve que la gente crea que no tenga tiempo para cocinar. Al que produce la cebolla picada congelada le sirve mucho que todos pensemos que picar una triste cebolla es una tarea titánica que no se merece nuestro tiempo, y mientras menos productos crudos compremos para cocinarnos nosotros, peor para ellos. Como alguien que ha visto en el supermercado que venden huevos duros ya pelados, no queda otra opción más que estar de acuerdo con el compadre, y empezar a mirar el mundo con ojos distintos.

Hermanos veganos y vegetarianos, debo hacerles una advertencia. La mirada de Michael Pollan (y por lo tanto la de esta serie) es bastante fuerte porque le interesa hacer historia más que ser políticamente correcto, y llega a decir cosas que los horrorizarán, apuesto, pero que no por ello dejan de ser ciertas. Para él (y para nuestra historia) es muy importante comer animales, por ejemplo, y llega a decir que todo aquel que coma carne debería cazar alguna vez en su vida. Pero ojo que no lo dice en un afán de celebrar “el deporte” como quien se saca fotos con los pobres leones muertos. Lo dice precisamente porque solo así entenderemos, y respetaremos de verdad, al animal que murió por nosotros. Michael Pollan está a favor de entender lo importante que es la dieta y todo lo que ponemos en nuestro plato, y él cree que comprar carne como autómata sin saber lo que estás comprando, es mil veces peor.

Y bueno, cabros, podría estar todo el día contándoles cosas importantes que cuentan en este documental, pero yo no tengo esas imágenes increíbles donde el HD te dejará con ganas hasta de zamparte un lagarto cocinado a las cenizas por las señoras aborígenes australianas. Una de estas señoras australianas cuenta que “el azúcar nos debilitó”, cuando vivió en carne propia la epidemia de obesidad, diabetes y enfermedades al corazón cuando, como aborígenes, se expusieron a la dieta occidental. En apenas cuatro capítulos esta serie los hará ver de manera muy distinta algo que hasta entonces era solo un lugar en la casa donde se apilan los platos sucios, y los hará pensar (por lo menos) que merecen comer lo mejor que puedan. Como especie, es nuestro gran triunfo. Y también la ciencia, etc.

En fin, no se pierdan Cooked, y a ver si empezamos a superar los huevos fritos, la pizza a domicilio y el Maruchan.

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