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Imperdible en Netflix: por el amor de Dios, vean Legión.

Legion
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Esa imagen de Legión, la serie de FX y Marvel, es perfecta. Uno, porque muestra a su protagonista teniendo una colorida y atormentada explosión en su cabeza, lo cual es básicamente un resumen de la serie completa. Y dos, porque así tal cual quedé yo mismo después de verla, con el cerebro completamente en erupción, con rayos y nubes de humo púrpura saliéndome por el cráneo mientras yo estoy ahí en blanco y negro, sin entender qué demonios acaba de pasar (metáfora).

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Lo que estoy tratando de decir, queridos testigos, es que nunca en mi vida había visto una serie así de compleja, elaborada y bella (porque es bellísima). Nunca había visto que alguien tratara los “superhéroes” así con tanto cariño y tan desde adentro, y ciertamente nunca había visto algo tan alucinante como lo que ocurre en la totalidad del capítulo siete, en mi opinión, una de las mejores horas que se han visto en pantalla alguna.

¿Se acuerdan de esa secuencia en que el profesor Charles Xavier tiene un “duelo mental” contra ese otro mutante psíquico horrible en silla de ruedas en X2: X-Men United (2003)? Bueno pues esta serie Legion es como si alguien hubiese visto esa escena y hubiese dicho “Mmmm, yo creo que una lucha psíquica puede ser mucho mejor que esto” y PAF, decidió hacer una temporada completa desde la mente de un mutante poderoso.

Y ese alguien es ni más ni menos que Noah Hawley, el genio televisivo detrás de ese otro milagro que es Fargo. ¿Resultado? Una de las series más increíbles que he visto en el último tiempo. Qué último tiempo: en toda mi vida. Una serie tan buena, que me estimuló la glándula de la hipérbole y estoy sufriendo las horrendas consecuencias que me dejarán marcado hasta mis últimos días. Hablando más en serio, les aseguro que por lo menos verán algo único.

A ver, a ver, ¿cómo es la cosa?

La serie se trata de David (Dan Stevens, el de Downton Abbey por si hay alguien leyéndome que tenga cien años), un compadre que está internado en un hospital siquiátrico decorado por Wes Anderson esquizofrénico adicto al LSD. Estamos como en un universo paralelo retro futurista y en la serie vamos viendo pedazos de la vida de David, mientras está siendo interrogado por agentes del gobierno, cuando está en una sesión con su terapeuta y cuando está viviendo el peor momento de su vida.

Esto responde la interrogante que nadie se ha hecho: ¿cómo es estar en la cabeza de alguien con tremendos poderes mentales? Y aquí debo advertirles que esta no es una serie muy fácil de ver.

Por tener tanta “vida interna” y episodios completos que transcurren en la cabeza de personajes, puede cansar,  irritar o dejar con la sensación de que nada tiene sentido. Pero créanme que tiene sentido, que todo está justificado y que el capítulo siete lo arregla todo, incluyendo nuestras almas.

El origen…

Si les interesa la información irrelevante, hay un dato muy bueno para entender mejor esta serie. Porque se supone que David es ni más ni menos que el hijo del profesor Charles Xavier que en los cómics se conoce por el sugerente nombre de Xavierito a.k.a. X-Boy a.k.a. Legión. Sí, como en la Biblia cuando Jesús le pregunta al poseso ese cómo se llama y el compadre le contesta “Legión” porque son muchos los demonios que lo poseen.

En el primer capítulo (spoilers leves a continuación) descubrimos que David realmente no es enfermo mental como ha sido toda su vida, sino que todas las voces son reales. Hay dos bandos opuestos (llenos de personajes sorprendentes y memorables) que están tratando de capturar al compadre y de a poco vamos ir conociendo quiénes son los buenos y quiénes son los malos, porque aunque mucha cosa parezca obvia les juro que después de unos capítulos verán que en realidad no es tan así.

Hay mucha imaginación en todos los personajes y siempre muestran los poderes como armas de doble filo, muy peligrosas y tormentosas para sus usuarios. Hay un compadre científico que comparte cuerpo con una guerrera adolescente, lo cual es difícil de imaginar pero muy entretenido de ver. O el mismo drama de Syd, la polola de David, que no puede tocar a nadie, porque… no, eso es un SPOILER. Pasa algo alucinante, eso no más les digo.

Como les dije allá arriba, hay momentos en que se pone demasiado pantanosa. Por ejemplo aparece un personaje nuevo de la nada y se manda un monólogo de diez minutos en que no explica absolutamente nada. El actor es un ídolo (Jemaine Clement, Vladislav de What We Do In The Shadows) y da gusto verlo, pero no me dejen colgando tanto rato pos Legión. Sí, reconozco que me puse impaciente en algunas partes y le grité garabatos a la pantalla, pero todo tiene recompensa. Al menos yo la tuve, pero por lo mismo no sé si recomendarles que hagan maratón con esta cuestión.

Actualmente están haciendo la segunda temporada, así que vean la primera no más con confianza. Aunque si hubiera terminado ahí mismo seguiría tirándole todas estas flores, porque no nos merecemos una serie tan jugada y bien hecha como esta. Y bueno, la acaban de subir a Netflix esta semana así que aprovechen. Apaguen la luz, pónganla en la pantalla más grande que tengan y conecten los parlantes. Qué deleite los espera, suertudos.

Recuerda que puedes ver LEGION y todas las series que están en Netflix en la aplicación de tu SmarTV.

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