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Netflix Review: ‘Death Note’

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Todo sobre:Death NoteNetflix

Sinopsis: Light Turner (Natt Wolff) es un marginado social, solitario y aburrido de la sociedad que lo rodea. Un día, encuentra una libreta que tiene el poder de matar a cualquier hombre que su nombre sea escrito en una de sus páginas; un arma mística e increíblemente poderosa que puede llevar a Light a convertirse en un “Dios del nuevo mundo”.

Soy una persona que cree fervientemente en el poder de una adaptación. Me encanta la idea de que las historias más sabrosas que hayan pasado por un libro, Anime, manga o cómic, puedan tener la oportunidad de ser replanteadas en una cultura diferente a la de donde fue creada originalmente. Sin ir más lejos, estamos a frente a una adaptación bien hecha y de las que vale ver en el cine: IT  llega la próxima semana a cartelera, y uno nota ese cariño con el que a veces están hechas las cosas, desde la fibra, desde el espíritu con el que fueron creadas (además me adelantaron que es buena para que no piensen que me los estoy cuenteando).

Y hoy llega Death Note, adaptación del escritor Tsugumi Ohba y del ilustrador Takeshi Obata. Posiblemente, el live action americano más esperado en muchos años.

¿Cómo salió todo?, ¿vale la pena verla?, ¿nos va a decepcionar como una nueva Dragon Ball Evolution? Si no haz visto Death Note de Netflix, es el momento de que prendas tu Smart TV LG, y le des play a la película más polémica del momento.

El que no conoce a Dios, a cualquier Light le reza

Desde el primer minuto, esta película nos planteó una historia gringa que parecía conservar los pilares fundamentales de la historia en personajes: trama, violencia, y… Ryuk (el dios de la muerte que provee de la Death Note al protagonista). Cosas necesarias para atraer a los fanáticos de la obra original, y con un contexto adolescente que, se supone, debería enganchar a la nueva audiencia norteamericana.

Esta historia ocurre en Seattle y no en Yotsuba, así que de partida hay que entender que esta adaptación es diferente al Anime, el cual, por su puesto, también está disponible en Netflix con sus 37 episodios en idioma original. Por lo tanto, hay que intentar ser lo más imparcial posible, e intentar no compararla con lo que hasta ahora se ha hecho.

Bajo esas reglas, podríamos declarar que la película tuvo buenas intenciones al trasladar el argumento a uno más cercano (si pudiéramos decirlo así). Light Turner no es un genio con un alto coeficiente intelectual. De hecho, se acerca mucho al modelo de adolescente perturbado que calza con un perfil de asesino shooter. Es un poco retorcido, y de vez en cuando también un poco cobarde. Tiene miedo, y el miedo lo refleja con odio, y el odio te lleva al lado oscuro como bien nos ha enseñado Star Wars.

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Mia (Margareth Qualley) no es una gotic lolita, es una cheerleader ambiciosa que ve en Light ese narcisismo que, tal vez, nunca supo aceptar en ella misma. Es la típica chica linda, sexy, y el brazo derecho del protagonista que puede o no encantar o desilusionar, dependiendo desde qué perspectiva la estemos mirando.

El antagonista (el bueno en teoría) es (Keith Stanfield), la antítesis de lo que es Light, y quien trabaja de forma casi anónima con la policía de Seattle para atrapar al asesino. No es tema el color de su piel, puesto que la gracia del personaje es ser el peso en la balanza para el protagonista. Además claro, de su excéntrica personalidad y afición por los dulces…

Hasta ahí creo que todo bien. Hay suficientes guiños y cambios que se agradecen en una adaptación de Death Note.

Lo incómodo de todo esto, es que como espectador es imposible no comparar cuando la propuesta de Netflix intenta igualar lo creado en Oriente. Es más, si esta historia no se hubiera empeñado en forzar los acontecimientos de la obra japonesa, es posible que una secuela u otro relato hubiera funcionado mucho mejor, porque al menos la novedad de otro “Kira” sería mucho más exquisita de ver que una adaptación de lo que ya conocemos desde el 2006.

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Yo no hubiera “mirado tan a huevo” esta historia

Yendo al grano, diría que el gran error de esta película es haber transformado demasiado a los personajes. No, no lo digo como purista de Death Note, lo digo desde el punto de vista de que la historia no se trata simplemente de una libreta-que-mata-personas. Se trata más bien del narcisismo contemporáneo, en que una persona genocida siente el deseo de “limpiar el mundo” y posteriormente crear uno nuevo: con nuevas reglas, y teniéndolo a él como un Dios de la muerte (Kira).

La obra original contempla un juego del gato y el ratón, con tantos giros y personajes que uno termina por rallar la papa con esa posibilidad de que una historia así perfectamente podría ser realidad en un mundo tan perturbado como el nuestro.

Death Note no es tampoco un anime que provee ocio gratuito. Es un modelo de crítica (social, política, religiosa, policial) tan completa, que resulta incomprensible la idea de que quisieran pasarla por una máquina de salchichas adolescentes solamente para dar en el gusto al target de títulos como 13 Reasons Why. Sin ánimos de desmerecer la serie, pero ustedes queridos lectores, entenderán que son historias que distan mucho una con otra…

Se entiende que debe ser muy difícil adaptar una obra que tocó la perfección en su momento, pero creo que es mucho más complicado manosear a diestra y siniestra los personajes de Death Note, transformándolos en algo que simplemente no cuaja en ninguna parte del mundo.

Técnicamente, lo malo de Death Note de Netflix parte desde el guión, pasa por el montaje acelerado, y termina por dar por hecho que vamos a sentir empatía con los personajes. No hay motivaciones claras, y no da para creer que una secuela podría mejorar el porrazo que se acaban de pegar en esta primera parte.

Hace falta algo más que, yo al menos, no logro encontrar en esta película. El relleno, el “chocolate dentro del manjarate”, no está por ninguna parte, porque solo veo la cáscara de una historia y no el contenido. No está el sublime Domine Kira (mirar la canción abajo)o nada que nos recuerde la esencia del deus ex machina que Tsugumi Ohba nos metió en la cabeza, que realce la figura de Light como Dios en el camino. Ni siquiera hay espacio para explicar el por qué de las cosas que pasan, no da lugar, no hay base, y la película se desarma en los primeros diez minutos.

Lo bueno es que la película tiene buenos efectos especiales, buena foto, y una buena banda sonora, con guiños directos a lo que va ocurriendo en la historia (al menos).

Willem Dafoe como Ryuk es un siete; probablemente no tenía idea de lo que estaba haciendo, pero es quien más se acerca al diseño original, cosa que se agradece y permite que la película no caiga al nivel de Dragon Ball Evolution.
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Conclusión mortal

Esta Death Note debe estar dentro de una de las 20 películas más esperadas del año. Quizás el morbo juega mucho a su favor, y las tibias esperanzas de muchos quienes esperamos lo mejor… Lo triste es que fue una decepción mayúscula, porque prácticamente no encontramos lo que esperábamos ver. Lo que encontramos fue una puñalada directa en nuestro corazón, y una película que difícilmente podrá ser sacada del top ten de las peores adaptaciones jamás vistas. Porque no cumple, porque no llega siquiera a los talones de los live action realizados en Japón (esos si que son mejores).

Personalmente, no la recomendaría a los fanáticos duros de Death Note, mucho menos a los que esperan ver a un Light soberbiamente inteligente. Pero si creo que esta película sería bien recibida por las personas que nunca han escuchado el título, y quieren introducirse al universo de las libretas mortales.

De igual manera, siempre recomiendo ver/leer la obra original, para que formen su propia impresión “antes de”. O en todo caso, si quieren ir directo a la película, también es válido. Es decir, que no seamos nosotros (los críticos) los que aprieten play a su Smart TV, y que sean ustedes mis queridos lectores, los que deban vivir la experiencia.

Death Note, la primera adaptación gringa original de Netflix y dirigida por Adam Wingard, está disponible en el streaming desde el pasado viernes 25 de agosto, a un click de su sillón, y a un paso de tener la opinión en sus manos.

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