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Alemania y Holanda, con ventajas…

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Cuatro selecciones terminaron la primera fase con un registro perfecto, es decir, con 9 puntos: Holanda, Colombia, Argentina y Bélgica; otras seis, mostraron niveles futbolísticos más que interesantes: México, Uruguay, Francia, Suiza, Alemania y Chile; dos, se convirtieron en gratas revelaciones: Costa Rica y Argelia; tres, clasificaron a octavos con muchas dificultades: Grecia, Nigeria y Estados Unidos, y la última es favorita per se: Brasil.

Así podemos resumir el escenario que se abre en la Copa, cuando arranca la segunda fase del torneo. Son 16 equipos, motivados por sólo un objetivo. Duelos que no aceptan márgenes de error ni el más mínimo balbuceo: luego de 90 o 120 minutos, o tras la respectiva definición por penales, habrá un ganador que seguirá avanzando; el vencido, a hacer las maletas y a tomar un vuelo con destino al país de origen. El rigor del campeonato se tornará, en la medida que nos acerquemos a la gran final, casi en crueldad. Un pulgar arriba y otro abajo para los rivales de turno, como en la vieja dinámica del Coliseo.

Un favor: no me pidan pronósticos, que para eso están los brujos y los meteorólogos. Sólo puedo anticipar tendencias, esbozar ciertas proyecciones, de acuerdo a las características futbolísticas y conductuales de los planteles (a nivel colectivo e individual).

A partir de ahí, señalo que del primer grupo de selecciones (las que terminaron con 9 unidades) será muy difícil que surja el nuevo campeón del mundo, aunque tal vez Holanda pueda alcanzar esa condición. Es la más sólida de las cuatro. A Bélgica le falta experiencia para manejar los partidos en las instancias decisivas; Argentina no muestra un consistente juego de conjunto, depende mucho de Lio Messi y, después de que Lavezzi le arrojara agua al técnico Alejando Sabella, nos dimos cuenta de que la disciplina brilla por ausencia en ese camarín. Colombia, pese a la capacidad de su técnico José Néstor Peckerman, es un buen equipo, pero no un gran equipo.

En el segundo renglón hay un candidato fuerte para ceñirse la corona: Alemania. Los franceses y suizos exhiben problemas defensivos; México, un ritmo intenso, pero falta de jerarquía, y Uruguay, sin Luis Suárez, perdió “poder de fuego” y evidencia un fuerte desgaste físico.

Costa Rica podría avanzar una ronda más; no así Argelia. Ni Grecia, Nigeria y Estados Unidos asoman con mayores posibilidades, aunque los norteamericanos les podrían hacer daño a los belgas. Brasil, sin grandes luces, excepto por Neymar Júnior y sus destellos propios, es un candidato natural: en algún momento lucirá un mejor nivel futbolístico, y nunca perderá su condición de local. Y eso da ventajas, nos guste o no.

Para el final dejé a la Roja. Muchos de sus integrantes han dicho que son “la mejor generación de futbolistas” en la historia de nuestro país. Ante Brasil, tienen la gran oportunidad para demostrarlo. He sido categórico al afirmar que no concibo al Scratch eliminado en octavos de final, por razones deportivas y extradeportivas. Sin embargo, si Chile logra sobreponerse a los obstáculos -de la naturaleza que sean- y juega 90 minutos brillantes, casi perfectos, generando el segundo “Maracanazo” en la bitácora de los mundiales (aunque el partido se jugará en el Mineirao, de Belo Horizonte), no paramos hasta semifinales. Lo suficiente como para recordar por siempre a este plantel y a su cuerpo técnico, y ubicarlos muy cerca del notable grupo que lideró Fernando Riera en 1962.

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