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Chile como el cilantro, bueno, pero nunca tanto

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La zurda arrastrada de Beausejour, que se abría lentamente hacia la izquierda del portero Ryan, llegó a la red y se desató la locura: dentro y fuera de la cancha. Fue en el último minuto del debut de la Roja en Brasil. El partido que debía ganarse sí o sí. Y se logró: 3-1 sobre Australia. Pero la historia no fluyó tan fácilmente como resulta escribir esos 17 caracteres en el ordenador.

Tuvo momentos de ajustes, de extravío, de autocrítica. Nunca de angustia, porque el rival no dio para eso. En nuestro post, las claves de este triunfo que nos deja como punteros temporales de las serie, junto con Holanda:

1.- Tenencia y efectividad

La posesión de pelota sirve de muy poco, si un equipo no se crea y finiquita ocasiones frente al arco rival. Los primeros minutos de Chile mostraron esas dos facetas, gracias al diálogo futbolístico entre Díaz, Aránguiz, Valdivia y Sánchez, fundamentalmente; Mena, por el costado izquierdo, marcaba presencia; Isla, en menor medida, por el sector opuesto. El cerrojo australiano no lograba su propósito, se confundía con la constante rotación de los jugadores chilenos. El caos fue mayor, sin embargo, cuando esos mismos nombres forzaban el “mano a mano”, el duelo individual. Allí se marcó una diferencia casi definitiva, a través de Sánchez (11′) y Valdivia (13′). Dos goles que presagiaban una noche tranquila…

2.- El famoso juego aéreo:

Los océanicos basan gran parte de su potencial ofensivo en la cabeza de Tim Cahill. Eso lo sabíamos todos. Pues bien, ¿cómo descontó Australia? ¡Mediante un frentazo de Cahill! En el gol, el centro del lateral Franjic, muy libre (falló la marca), sorprendió al ex delantero del Everton, saltando con Gary Medel. Ganó el ariete, por su mejor estatura y porque maneja mejor esa faceta del juego. En rigor, todos los centros aéreos nos incomodaron. El gran déficit de Chile, su envergadura física, nos pasó la cuenta…

3.- Sin cambios de ritmo:

Chile terminó el primer tiempo sorprendido por el descuento. Pero quedaba todo el complemento para que la Roja encontrase el fútbol y la profundidad de los minutos iniciales. Lamentablemente, aún lo estamos esperando. Nuestra Selección fue perdiendo protagonismo, aunque siempre tuvo más la pelota que su rival. Lo peor fue que el equipo trató de hacer todo bajo el mismo ritmo: la salida, la elaboración (en esto, incluso, se fue perdiendo precisión) y el finiquito. No había aceleración ni en mediocampo ni en el último cuatro de cancha. Tampoco mostramos remates de media distancia. En el complemento, excepto un tiro de Vargas, que sacaron desde la línea, y la zurda de Beausejour, no contamos con ocasiones de peligro hacia el arco de Ryan.

4.- Puntos altos y bajos:

Aprobaron, Bravo (notable en una contención a Bresciano), Medel (pese al gol), Jara, Mena (sobre todo por su primer tiempo), Díaz, Valdivia (por el gol), Sánchez y Beausejour (ídem). Condicionales dejamos a Isla y Aránguiz. De regular hacia abajo, Vargas, Gutiérrez y Vidal (ya nos referiremos al volante). Sin calificación quedó Pinilla, porque actuó muy pocos minutos.

5.- ¿Bajón físico?

Australia terminó mejor físicamente que la Roja. Sabemos que los climas de carácter tropical suelen incomodar a los futbolistas nacionales, históricamente. En la altura, no hay problemas: Quito, Bogotá, La Paz no molestan a los chilenos, pero reaccionan mal frente al calor y la humedad. Ojo, este fue el primer duelo mundialista y no terminamos “enteros”…

6.- Vidal:

Después de tanta especulación en torno de su rodilla derecha, Arturo arrancó de titular. ¿A qué jugó? Ese es otro tema: poco comprometido en el juego, sin trascender ni en lo individual ni en lo colectivo, quedó claro que no estaba al ciento por ciento. La decisión de Jorge Sampaoli, entonces, no fue la correcta. El problema estuvo en que su relevo -Felipe Gutiérrez- no hizo mucho más, y eso que el ex Universidad Católica está impecable desde un punto de vista físico.

7.- Corolario:

El fútbol del estratego Sampaoli se caracteriza por su intensidad en el ataque y en la recuperación de la pelota. Ese elemento, tan importante en su propuesta, estuvo ausente, excepto en el arranque del partido. Privilegió la famosa posesión: un traslado lento de balón, predecible y sin sorpresas. Sé que en el debut las cosas son difíciles. Nadie arriesga, nadie quiere equivocarse. Y, por eso, jugamos a 20 kilómetros por hora. Sin sorpresas o cambios de velocidad. Total, lo “importante” era no perder la pelotita. Eso, por sí solo, no basta en un Mundial. Como dicen en el campo, el cilantro es bueno, pero nunca tanto…

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