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Chile en la final de Copa América: 28 años después

Foto: radionacional.com.uy
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Tras la final jugada en Argentina 1987, la Selección Nacional vuelve a ponerse en la disputa de un campeonato continental.

Cuando niño, solía extrañarme en torneos internacionales como las Copas del Mundo la ausencia de la escuadra de Chile. Le preguntaba a mi padre qué era lo que pasaba que veía a Argentina, Brasil, Colombia o hasta Bolivia en otras citas planetarias, pero no a “La Roja”. En ese momento, teniendo sólo cerca de 6 años, mi viejo me explicaba que habíamos sido castigados por la FIFA, por un incidente con Roberto Rojas.

A pesar de esa explicación, me costaba entenderlo, porque sobre la misma mi papá también me contaba sobre los vuelos del “Cóndor” durante gran parte de los 80, indicando que, por lejos, era uno de los mejores arqueros de América. Cometió un error, pero también recordaba que había tenido como pináculo una campaña histórica: La final alcanzada en Argentina 1987.

Hace 28 años atrás, esa final, que alcanzamos en un camino con un triunfo notable ante Brasil por 4-0 en la fase de grupos, quedó a un tris de convertirse en una jornada de gloria para el fútbol chileno, pero Pablo Bengoechea en el Monumental de Núñez dijo otra cosa, y le terminó dando una corona más a Uruguay.

Desde esas memoranzas con respecto al porqué de la ausencia de Chile, comenzó mi seguimiento a Chile en torneos internacionales. Llegaron las Copas América 1995 y 1997, con resultados catastróficos, pero en los que no podía dimensionar bien la calidad del equipo nacional. Más contradictorio se hacía que en ese mismo periodo alcanzábamos la primera clasificación a un Mundial, en esa memorable campaña a Francia 1998.

Posterior, llegaría Paraguay 1999. La última vez que vi al “Equipo de Todos” en instancias decisivas en un torneo continental, y en el que otra vez aparecía la escuadra charrúa para amargarnos, aunque esta vez en la tanda de penales.

Tuvieron que pasar 4 Copas América para que otra vez viera a Chile en una fase definitoria, pero la situación era distinta. Hoy, en terreno trabajando en el certamen, ya no era aquel niño que se extrañaba por los papelones en este tipo de campeonatos, o al que le hablaban de un tal Roberto Rojas y no se explicaba las razones de su castigo.

No, ahora se trata de un tipo que trae en sus espaldas los recuerdos de varios fracasos, pero también que no deja la ilusión de la que quizás mi viejo tuvo hace 28 años atrás, cuando se logró la última final. Se trata ahora de quizás el recuerdo máximo para la posteridad de toda mi generación y de la de los más jóvenes en la que la esperanza está a punto de concretarse, pero en la que, como en otras ocasiones, también se difumina o resulta difícil de soslayar.

La vida tiene esas cosas mágicas e inexplicables, porque esta ruta hacia el título también ha tenido particularidades que han rememorado viejos fracasos. Otra vez, por ejemplo, apareció Uruguay en la ruta, en un encuentro en el que por un zapato de Mauricio Isla, pudimos seguir con vida en un encuentro durísimo.

En ese mismo partido también las incidencias estuvieron presentes, como el feo gesto de Gonzalo Jara ante Edinson Cavani, incidente que nos hace recordar otros hechos vergonzosos como el mismo “Maracanazo” del “Cóndor”, ese del que tanto me trato de explicar mi papá.

Las coincidencias con nuestra historia deportiva son muchas, sólo espero que la del sábado no nos haga despertar la misma que la de hace 28 años atrás. Esa misma con la que soñó mi viejo y tantos otros, esa misma que ahora me hace soñar a mí.

Foto: www.radionacional.com.uy

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