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Chupete, Chupetito y Chupetón

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Todo sobre:DeporteFútbol

Si hablamos de metalenguaje futbolero, nada más gracioso que escuchar a los relatores mexicanos: las fuerzas básicas, la fanaticada, las alas tornantes… Una mezcla entre la exageración y la siutiquería. Allá, Humberto Suazo no era Chupete: era Chupetón. Y generaba una idolatría casi religiosa en Monterrey.
Bueno, en México las cosas suelen ser así.

Lo concreto es que cuando Suazo retornó a Chile, hace un par de semanas, se convirtió en un Chupetito regalón: resultaba imposible olvidar su aporte al gran Colo Colo de Claudio Borghi y, obviamente, el cariño del hincha popular escurrió rápido hacia el calvo delantero. Y porque además Chupete es un jugador querible.

Actuó 90 minutos en un amistoso frente a Unión Española (escenario y rival poco exigentes) y, con todos los atenuantes del mundo, mostró un incipiente diálogo con Jaime Valdés y Luis Pedro Figueroa, el otro refuerzo. Lo que sí dejó muy claro fue que a este Suazo, versión 2015, ya no lo veremos como un hombre de área, sino como un media punta, generando fútbol desde la medialuna o incluso desde más atrás.

El debut del Chupete

Su debut oficial aconteció en una mala tarde: 35° grados de calor en el Monumental, que adormeció a moros y cristianos, aunque un poco menos a los jugadores de San Marcos de Arica, los que terminaron atrapando una victoria impensada en cualquier pronóstico. Los albos mordían el polvo, se olvidaban prematuramente del invicto y hasta desperdiciaban un penal en los pies de su amado Chupete.

Porque fue Suazo quien tomó la responsabilidad de rematar desde los 12 pasos, después de que el juez inventara una mano intencional del zaguero Carlos Labrín. El derechazo suave -y más anunciado que liquidación veraniega- terminó con un rechazo del portero Carrizo, y Chupete sólo atinó a mirar el cielo y secar el sudor de su pelada y también, el dolor en su orgullo de artillero.

Colo Colo perdió, como sabemos, pero más perdió Chupete.

Quería un estreno soñado ante 25 mil personas, y terminó viviendo un pequeño infierno por culpa del calor y por esos tres puntos que enfilaron rumbo al norte. La gente, sin embargo, no pifió a Chupete. A los sumo se escucharon murmullos desaprobatorios por su falta de movilidad, o porque tarde, mal y nunca entró al área, pese a que el propio jugador ya lo había anunciado en el amistoso contra los hispanos.

Paciencia con Chupete. Creo que irá de menos a más. El problema para él y sobre todo para el estratego Héctor Tapia es hacer funcionar al equipo con mayor intensidad, con ritmo de alta competencia. Viene la Copa Libertadores, piénsese, y en ese torneo resulta un chiste jugar a 20 o 30 kilómetros por hora, como lo hizo Colo Colo ante San Marcos y también en otros partidos del semestre anterior. Lo sé: faltaron el Gordo Vecchio y Esteban Paredes, pero el déficit es más estructural en ese sentido, que la mera ausencia de un par de nombres.

Por ahora, habrá que esperar (no mucho, reitero) antes de ver a Suazo convertido en ese Chupetóooon del Monterrey…

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