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El Panóptico de Jorge Sampaoli

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Cuando las razones para tanta parafernalia con respecto a la preparación del torneo es el trabajo serio y los resultados, los argumentos se van desmoronando de a poco con la realidad.

La paranoia es un trastorno psicótico caracterizado por ideas delirantes, basadas además en creencias anormales y que no responden necesariamente a lo que ocurre en la realidad. Un estado que para el común de la gente se categoriza en que “esta persona está jodida del mate”.

Dicha clasificación, quizás dura para algunos, es la que responde cuando uno ve el estilo de Jorge Sampaoli. Sin caer en la falta de respeto, lo sucedido en las últimas semanas con el estratega de la Selección Chilena (desde el cierre perimetral en el Monasterio Celeste hasta lo ocurrido con las calles aledañas a Juan Pinto Durán) carecen de toda explicación racional.

El argumento principal apunta a que el entrenador de “La Roja” no quiere dejar ningún detalle sin observar para poder realizar un cometido sobresaliente en Copa América. Una postura entendible, pero que choca con la realidad y con los objetivos que se han conseguido durante la era del casildense.

A ver, no es mentira que “La Roja” tiene una identidad y una propuesta atractiva, firme y que complica a los rivales, pero lo concreto es que este mismo método ya fue aplicado durante el proceso rumbo a Brasil 2014. En dicho periodo, el secretismo llegó a tal punto que el DT paró en un momento el entrenamiento cuando un helicóptero de la cadena O’Globo sobrevoló la práctica del plantel.

La reacción de Sampaoli puede ser entendida desde el punto de vista estratégico, pero es difícil de sostenerse cuando se toma como argumento (y se defiende) que durante la estadía del argentino hay una identidad. Todos conocen el estilo del elenco chileno, ¿Cuál va a ser a estas alturas la sorpresa?

Las excentricidades del DT nacional no pararon para este proceso, lo que ha vuelto a alimentar el malestar de ciertos sectores por el modus operandi que aplica el ex Universidad de Chile. Desde cierres perimetrales hasta sencillamente imposibilidad de los vecinos de las zonas donde concentra el equipo para poder desplazarse. Situaciones impensadas en otras latitudes.

A pesar de las críticas, hay quienes han salido en defensa del trasandino, argumentando que el medio local, en su pobreza conceptual, sólo entorpece la labor de los equipos cuando van a cubrir los medios de prensa (que dicho sea de paso, están haciendo su trabajo). La pregunta que cae de cajón en ese sentido es ¿Cómo enaltecemos el debate, si las instancias de acceso no existen? O incluso más ¿No empobrece el propio técnico la discusión haciendo noticia con este tipo de decisiones?

En estos días, Sampaoli se ha mostrado molesto por las consultas sobre el caso, asegurando que él no tiene la facultad para tomar decisiones como las ocurridas en Requínoa o en Macul, lo cual es cierto en parte, pues es el alcalde quien finalmente ejecuta la medida, pero tampoco es un misterio el particular carácter del casildense a la hora de trabajar.

Razones más, razones menos, lo cierto es que la hora de ver si estos métodos son realmente efectivos se comenzarán a conocer desde el 11 de junio, cuando la pelotita corra entre Chile y Ecuador. A la luz de los hechos, el buen trabajo no se basa en el secretismo o en la permisividad, sino en lo efectivo que resulta en la cancha finalmente una propuesta.

Una identidad que, dicho sea de paso, ya todo el mundo sabe, incluso hasta algunos equipos ya le tomaron la mano (pregúntenle a Brasil), pero parece que por acá aún se juega al misterio, al querer “sorprender”.

A lo mejor, en una de esas, Sampaoli con su sistema de panóptico nos tenga alguna sorpresa, y finalmente digamos “en realidad hace bien tanta excentricidad”. Hasta el momento, eso sí, los resultados han dicho lo contrario.

Foto: Agencia Uno

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