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Inauguración Copa América: Más de lo mismo

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Si bien tuvo un cierre impresionante, el antes y durante de la ceremonia no logró ser lo suficientemente atractivo como se pudo pensar.
No me gustó la inauguración. No se atormente, no se abalance si quiere criticarme con respecto al espectáculo ofrecido el pasado jueves, ya que no le negaré que el remate, final del evento estuvo increíble y que maravilló a los presentes en el Estadio Nacional…a los pocos que tuvieron el privilegio de poder hacerlo, en estricto rigor.

Porque lo cierto es que la ceremonia de inicio de la Copa América contó con una serie de problemas que, como era de esperar, empañaron lo que debía ser una fiesta y además una prueba de fuego para el país a nivel de espectáculos deportivos. Soñamos con poder albergar más citas como las que ahora estamos viviendo, pero la desprolijidad lamentablemente salta cuando se nos exige.

Tuve la fortuna de poder estar presente en la inauguración y me llamó la atención la falta de un estadio rebosante de público, con pancartas, globos, camisetas y demases que ejemplificaran que esto era una fiesta. En un principio pensé que el día y el horario (jornada laboral) habían conspirado en contra de la actividad, pero para sorpresa (desagradable) hubo un tema logístico que empañó todo.

Fallas en el sistema de ingreso en la detección de entradas, largas filas y accesos cerrados para los hinchas hicieron que muchos recién pudieran entrar al coliseo de Ñuñoa a pocos minutos de iniciarse el partido entre la Selección Chilena y Ecuador.

No obstante, no sólo críticas a este proceso hubo, ya que también quedó una sensación al debe al momento de observar la ceremonia, que contó con un importante contingente de bailarines, técnicos, guardias, entre otros.

A ver, si nos quedamos con sólo el final, no hay duda de que el cierre fue magistral, con un show pirotécnico que no tuvo nada que envidiarle a espectáculos internacionales, pero ¿Qué pasó antes? Allí es donde se centran precisamente los cuestionamientos.

Desde el comienzo hasta previo al desenlace, la sensación que se vio en el Estadio Nacional fue la de una actividad latera, con falta de chispa y que invita a la reflexión de que, para eventos deportivos, las jornadas inaugurales tienen poco que ofrecer y son más que nada un relleno televisivo.

Lo que pasó el jueves fue en gran parte así. Con una introducción y un inicio con un baile pascuence que se agradece en cuanto al respeto que se puede tener con el pueblo isleño, pero se desaprovechó la riqueza cultural de otras zonas y que pudieron también haber tenido su espacio durante la ceremonia.

Tras esto, vino la interpretación del himno nacional, una canción que representa el “más de lo mismo” que se han transformado las canciones representativas de los eventos de fútbol. No vamos a pedir a estas alturas alguna interpretación como el tema de Italia 1990 o Estados Unidos 1994, o incluso hasta Francia 1998 con “La Copa de la Vida”, pero ¿Qué pasa a nivel musical? Poco que ofrecer en cuanto a dinamismo y representatividad a nivel país la canción de Kanela. Muy “de envase”, por decirlo de alguna forma.

También durante el desarrollo se dio el paso al ingreso de globos con los países participantes del torneo. Un momento en el que ya varios probablemente deben haber pensado “a qué hora es el partido”. Tristemente, cuando aquello pasa, es que el tema de la inauguración no cumplió sus objetivos.

En síntesis, una sensación agridulce lo ocurrido el jueves. Problemas de ingreso, largas filas, una falta de ambiente y una presentación que no logró cuajar fue lo vivido en el Estadio Nacional. Una lástima, pero que en el fondo vuelve a justificar la reflexión planteada: Este tipo de ceremonias son una pérdida de tiempo.

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