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La prolongada noche de Católica

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No es fácil recordar los últimos festejos acaecidos en San Carlos de Apoquindo. Hay que remontarse hasta fines de 2010, cuando el equipo del argentino Juan Antonio Pizzi le arrebató, casi en plena meta, el título al Colo Colo del también trasandino Diego Cagna. Luego, sólo tibias sonrisas tras la obtención de la Copa Chile en 2011, luego de una definición por penales ante Magallanes.

Es decir, hablamos de largas temporadas en que la UC no consigue agregar una estrella a su potente palmarés. La Copa Chile, sabemos, es un premio de consuelo, pese a que da pasajes directos a la Sudamericana, por lo que el hincha cruzado está inquieto y hasta molesto por la sucesión de propuestas fracasadas.

La historia no es tan simple como la estoy narrando. Entre medio, el club de la franja padeció situaciones muy dolorosas: la pérdida del Apertura 2011, cuando el plantel llegó celebrando anticipadamente arriba del bus y terminó goleado ante Universidad de Chile; o los tres definiciones de torneo perdidas en 2013 (Apertura, Clausura y Copa Chile), y la Libertadores que le fue esquiva por yerros infantiles del portero Paulo Garcés ante Peñarol (en Montevideo y en Santiago)…

Todos estos registros, aún frescos, mantienen a la Católica en estado de alerta, de vigilia permanente. Cada derrota es sentida el doble y la autocrítica llega a niveles flagelantes.

El problema es que este semestre no arrancó mejor, a pesar de la contratación del estratego Julio César Falcioni. El entrenador llegó a la precordillera precedido de tres títulos en Argentina (uno con Banfield y dos con Boca Juniors) y un subcampeonato en la Copa Libertadores (también con Boca). Es decir, la UC apostó por un hombre experimentado y con currículum para asumir los desafíos de la temporada 2014-2015.

¿Qué pasa, entonces? De partida, Falcioni no ha estado a la altura de las expectativas. Si bien no tiene un plantel tan rico como la “U”, por ejemplo, o con mayor oficio que Colo Colo, tampoco se trata de un grupo de futbolistas desjerarquizados. Acá, la responsabilidad recae claramente en el director técnico y en la respectiva gerencia, a cargo de José María Buljubasich.

En la cancha, todavía no sabemos a qué juega la UC. Algunos jugadores, como Fernando Cordero, son utilizados en múltiples posiciones: como volante mixto, de enganche, puntero por la derecha y por la izquierda… Al Chiqui sólo le falta atajar. Michael Ríos es otro de los “itinerantes”: ha cumplido roles de volante mixto, de enganche y de puntero derecho. O sea, hay un grado de confusión fuerte en esa cabina técnica.

Incluso si soslayásemos casos puntuales, el panorama global tampoco es convincente: ¿cuál es el concepto futbolístico de Falcioni? ¿Su idea original, su matriz? Siempre lo percibimos como un entrenador pragmático, resultadista, pero ahora ni eso…

Como sea, en San Carlos cada día se reduce el margen de error, y en igual proporción se agotan las últimas reservas de paciencia. Tal vez este fin de semana pueda, en parte, corregirse el rumbo ante un balbuceante Palestino. Sin embargo, da la impresión de que el equipo cruzado tiene problemas más estructurales, los cuales fueron acentuados con la derrota ante el River uruguayo, por la Sudamericana. Una jornada que, además, dejó como saldo el enojo evidente de Mark González cuando fue sustituido, y el ceño siempre fruncido de Cristopher Toselli, quien ha visto los duelos más importantes del semestre desde la suplencia. El camarín tampoco arroja buenas señales.

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