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La selección chilena va por una hazaña

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Tercera vez consecutiva. Parece un mal chiste, pero es una realidad: otra vez deberemos medirnos con Brasil en octavos de final de una copa. Una casualidad, pienso. Mas, al igual que Julio Cortázar, sostengo que esas supuestas coincidencias y manifestaciones del azar no son simples imponderables del destino.

Cortázar zanjaba cualquier discusión al respecto, con un categórico: “Amo las casualidades, principalmente porque no creo en ellas”. Notable.

Sigamos…

Brasil nos espera en octavos, pues no pudimos ni supimos superar a Holanda. El técnico Louis Van Gaal habló del “planteamiento inteligente” de su equipo. Una definición precisa, pero incompleta, para resumir su propuesta. Habría que agregar las faltas reiteradas en mediocampo, las simulaciones de Robben y un árbitro bastante pusilánime frente a esas situaciones. Y lo más importante: el hecho de que el 0-0 favorecía las pretensiones naranjas de quedar primeros en el grupo.

Chile no tuvo respuestas ante el juego físico, de roce y de velocidad en la salida de su rival. Fallamos en el esquema (resultaba más coherente jugar con cuatro en el fondo) y en las respuestas individuales. Lo ejemplifico con Felipe Gutiérrez. El partido no era para sus características de juego, pues hablamos de un volante que rehúye de la fricción, de la pelota dividida, del choque. Jorge Luis Sampaoli, quien siempre en algún detalle nada contra la corriente, lo alineó desde el arranque. Después tuvo que sacarlo, obvio…

El 0-2 nos hace caer nuevamente en las garras de un Scratch que, hasta el momento, deja un reguero de interrogante acerca de su verdadero potencial. Sin Neymar Júnior, Brasil es un equipo como cualquier otro: un arquero regular; dos laterales muy malos en la marca, pero con buena proyección; un mediocampo sin agresividad (ni defendiendo ni atacando) y dos puntas discretísimos: Hulk y Fred.

Califican para la alta competencia, sus centrales (Thiago Silva y David Luiz), un mediocampista que sólo es alternativa (Fernandinho, aunque podría ser titular ante la Roja) y, obviamente, Neymar Júnior.

Una selección que privilegia la velocidad en las transiciones, pues carece de la materia prima del fútbol brasileño: el talento. No confundamos la habilidad, casi circense de Neymar, con el talento de jugadores de otras épocas, como Zico, Rivelinho, Gerson y, el mejor de todos, Pelé.

De jugar a jugar y si la selección chilena vuelve a su propuesta original, con todos sus titulares en plenitud de condiciones físicas (Bravo; Isla, Medel, Jara y Mena; Díaz, Vidal, Aránguiz y Valdivia; Sánchez y Vargas), podemos dañar severamente al cuadro de Scolari.

Sin embargo, no debemos perder de vista un leve detalle: Brasil es el país organizador de del Mundial, e hizo concesiones tremendas con el ente que rige el fútbol mundial. No pretendo caer en delirios paranoicos ni en conspiraciones internacionales para sacar a Chile de carrera: sólo que no imagino a la verdeamarhela afuera del torneo en octavos de final. Y lo mismo hubiese dicho si Brasil enfrentaba a Holanda. Simplemente, no lo concibo…

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