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Por el momento, Bravo sin discusión

Foto: Agencia Uno
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Luis Enrique, el estratego del Barcelona, no es el primero ni será el último entrenador que se enfrenta a la disyuntiva de contar con dos porteros calificados para el primer equipo. Lo importante es que su decisión sea la más acertada, considerando la especificidad de esa función futbolística.

Recuerdo que en 1982, Pedro García, el entonces DT de Colo Colo, “padeció” una situación similar: se encontró con Mario Gato Osbén y con Roberto Cóndor Rojas como alternativas para el arco popular. Su primera reacción fue anunciar públicamente “una rotación” entre ambos, es decir, un partido lo jugaría Osbén, y el otro, Rojas.

Mala decisión, porque una de las condiciones que requiere cualquier meta para consolidarse, es la regularidad, tal vez mucho más que los otros componentes del equipo. Con el correr del campeonato, García reculó, le dio su confianza a Rojas y el Cacique terminó por quedarse con el título de campeón.

Hay otros ejemplos en el plano local, como lo que ocurrió también en Colo Colo años después, entre el chileno Marcelo Ramírez y el uruguayo Claudio Arbiza, durante el período del adiestrador paraguayo Gustavo Benítez. El guaraní apeló a una medida muy ecléctica y ordenó que Ramírez atajara en el torneo chileno, y que Arbiza lo hiciera a nivel de campeonatos internacionales.

En rigor, Benítez sabía que Arbiza superaba a Ramírez en dominio del puesto, pero las constantes lesiones claviculares del charrúa le obligaron a tomar esa determinación.

La norma, como podemos apreciar, indica que ataja el mejor. Y, en este instante, Claudio Bravo ofrece mayores garantías de solvencia y de seguridad en el pórtico catalán, que su “rival”, el alemán Marc-André ter Stegen.

Bravo saca ventajas en tres aspectos muy importantes: experiencia, juego aéreo y juego con los pies. Sobre lo primero, no hay discusión: el chileno ya tiene dos mundiales en el cuerpo, ante un Ter Stegen de sólo 22 años y que no registra ninguna participación en ese tipo de torneos.

Respecto del juego aéreo, en el papel, el metro 89 del europeo parecería insuperable ante el metro 85 de Bravo. Sin embargo, dominar esa faceta del juego no tiene sólo que ver con la altura. Implica un timming casi perfecto, criterio y seguridad a la hora de salir a cortar un centro y dejar el arco vacío y, por supuesto, experiencia.

Finalmente, acerca del juego con los pies –algo que los catalanes priorizan dada su propuesta futbolística, que considera al arquero casi como un líbero- Bravo también acredita consistencia, aunque debe mejorar su perfil izquierdo y evitar, por momentos, un exceso de confianza como el que ha mostrado en algunos amistosos por la Roja (el último contra México, por ejemplo).

“Bajo los tres palos”, como dicen los relatores, ambos muestran ubicación y reflejos, paridad que también podríamos extrapolar en los achiques: Bravo y Ter Stegen son rápidos y saben quitarle ángulo de remate a los delanteros.

Así, entonces, no hay discusión por ahora en torno de quién debe ser titular. Sumemos que Bravo ya completó cuatro partidos en la Liga sin recibir un gol, estadística que lo tiene cerca de igualar el récord histórico de Pedro María Ártola, quien mantuvo invicta la valla culé durante 560 minutos, en la temporada ’77-’78.

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