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Selección chilena: El alquimista

Foto: AFP
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Quienes han estudiado a esos auténticos protocientíficos de la Edad Media y del Renacimiento, señalan que el ideario de los alquimistas apuntaba a descubrir la famosa piedra filosofal, sustancia capaz -entre otras virtudes- de convertir en oro cualquier tipo de metal.

Los alquimistas no actuaban tanto por ambiciones de riqueza material, sino por una cuestión de trascendencia: un anhelo profundo por inscribir su nombre en los libros de historia de todos los tiempos.

Si bien a Jorge Luis Sampaoli lo motiva en demasía lo primero, tampoco olvida lo segundo. De lo contrario, no podríamos explicar por qué insiste tanto en experimentar a costa de la Selección Chilena.

Porque si hay un aspecto que ha caracterizado a Sampaoli en el último tiempo, es querer transformar a ciertos jugadores en algo que, por características físicas, anímicas y futbolísticas, no son.

Los casos más importantes

– Alexis Sánchez: Desde sus comienzos, el Niño Maravilla ha sido un consistente delantero. Tiene habilidad, capacidad para encarar, dominio de todo el frente del ataque y, con el correr del tiempo, mejoró su registro goleador.  Así lo entendieron los técnicos en Cobreloa, Colo Colo, River Plate, Barcelona y, ahora, Arsenal. Eventualmente, por circuntancias de juego, puede engancharse con la línea de volantes para generar fútbol, a través de habilitaciones con ventaja… Pero sólo eventualmente. Utilizar a Alexis como un enganche es desperdiciar lo mejor de su repertorio:  la solidez y los recursos que muestra el tocopillano en el último cuarto de cancha. En la Roja, sin embargo, es prácticamente un 10. Sin Jorge Valdivia ni Matías Fernández, en los últimos partidos de la Selección (frente a Holanda y a Brasil en el Mundial, y en la reciente gira por Estados Unidos), Sánchez asumió ese rol, con el beneplácito implícito de Sampaoli. Ojo, que sus constantes retrocesos también generan desorden en la línea media.

– Arturo Vidal: Independiente de sus problemas físicos, el ex colocolino es un  volante mixto, con capacidad de quite, de anticipo, con pierna fuerte, con exhuberancia física para estar en ambos sectores de la cancha, constante desdoblamiento de funciones y buen fútbol en la salida. Ahora, incluso, le añadió solidez en el juego aéreo, además que su  nivel de finiquito es aceptable (aunque mucho de los goles marcados en la Juve han sido vía lanzamientos penales). No es -para dejarlo en claro- un jugador talentoso en la habilitación, un mediocampista que dejará “destapado” a un delantero dos o tres veces por tiempo ¿Por qué Sampaoli ha insistido en hacerlo jugar inmediatamente detrás de los puntas? Al igual que Alexis, Arturo no es un 10. Punto.

– Gary Medel: Es el mejor futbolista chileno en la actualidad. Y esa jerarquía lo hace confiable y consistente, casi, en cualquier función. Sin embargo, el Pitbull no es zaguero central (ni actuando en línea ni como último hombre). Insisto, lo hace bien porque es un tremendo jugador. Así lo entendió Bielsa, que lo ubicó como central por la derecha, y ahora Sampaoli, hasta como líbero. Pero en Argentina y en Europa, todos los técnicos que los han dirigido lo ubican como volante de contención, con responsabilidades en el quite y en el armado. Mide sólo 1,71 metro, es decir, un estatura inadecuada para ser defensa central en la alta competencia. Tiene, eso sí, buen cabezazo y, por momentos, hace recordar a Humberto Chita Cruz. Mas eso no basta en las instancias más exigentes del fútbol planetario. Pensemos que, pese a ser el más destacado de la Roja en Brasil 2014, su buen fútbol y temperamento no bastaron para que tres de los cuatro goles que recibió Chile en ese torneo, fueran producto del juego áreo. Menos aun, con una defensa semi improvisada…

– Francisco Silva: Dejé para el final el caso más paradigmático. De partida, cuesta encontrar en el Gato argumentos de peso para que se haya transformado en titular inamovible de la Selección, sobre todo en un rol que no le corresponde: zaguero central. La idea de ubicarlo en el centro de la defensa no resiste análisis, pues carece de todas las condiciones naturales para actuar allí: no tiene agresividad, temperamento, liderazgo, “timming”, envergadura física ni cabezazo. Su fragilidad en el mano a mano es para llorar a gritos. Por algo en Europa asume otras responsabilidades… ¿Por qué Sampaoli se empeña en convertirlo en central? ¿Qué motivación profunda subyace bajo esa obstinación? ¿Jactarse, luego, diciendo: “yo convertí a Silva en defensa”?

Como sea, esta característica de Sampaoli quedó muy patente en la gira de nuestro equipo por La Florida y por California, donde enfrentó a México y Haití. Un periplo de costa a costa, en el que la Roja dejó un reguero de dudas en los planos colectivo e individual.

Me gustaría deja claro, antes de cerrar este post, que, conceptualmente, me gusta más la propuesta de Sampaoli que la de Bielsa, su mentor, entre otras cosas porque es más flexible, entendiendo que la dinámica del juego muta segundo a segundo, y que muchas respuestas exceden a la mecanización aprendida en los entrenamientos. Por eso sus jugadores se mueven con mayor libertad dentro de la cancha, no tan asfixiados por esos movimientos rígidos propios del rosarino.

Sin embargo, el casildense está exagerando la nota. Buscar la ductilidad (o polifuncionalidad) no es lo mismo que endosarle, con fórceps, responsabilidades de juego a sus futbolistas, sabiendo, a priori, que no podrán responder a cabalidad o restándoles potencial en otros sectores del campo, sólo para el lucimiento del técnico o por mera porfía suya. No olvidemos que algunos integrantes de este plantel proclamaron que “estamos obligados a ser campeones de la próxima Copa América” . Actuando como lo hicieron en Estados Unidos, el objetivo se vislumbra muy lejano, máxime si el alquimista insiste convertir en oro puro minerales de muy distinta ley.

 

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