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Superclásico, la mesa está servida

Foto: Agencia Uno
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Si un Superclásico es capaz de sostenerse por sí solo para concitar el interés de todo el medio futbolero, un Superclásico que, además, definirá en gran medida el título del Torneo de Apertura genera una expectación que sobrepasa los límites de la normalidad.

En la víspera de una nueva versión del partido más importante del fútbol chileno, el caudal de información que entregan los medios termina, casi, por marear. Historia, estadísticas y testimonios de jugadores activos o retirados en torno de este partido, engrosan las pautas periodísticas. Se suceden debates por doquier y la opinología sobre el tema reflota como alergia en primavera.

La idea es señalar –sin pretender convertirnos en adivinos- las tendencias que pueden marcar el duelo en favor de albo o de azules, dando por descontado que nadie prevé con exactitud la dinámica ni de éste ni de ningún cotejo. Mi amigo periodista Julio Salviat escribió en la última edición de elagora.net: “Se repite que, en los Clásicos, los puntajes no valen. La rivalidad estrecha cualquier diferencia, el ambiente levanta a los moribundos, las ganas superan a las debilidades. Se insiste en que la historia no juega. No valen, por lo tanto, los antecedentes que indican que Colo Colo ganó 77 de esos duelos, contra 48 de Universidad de Chile (más 50 empates), y que anotó 65 goles más de los que recibió (292-227). Pero el fútbol, dentro de todo, tiene una lógica: casi siempre gana el mejor”.

Hecha esta aclaración, diré…

-¿Por qué lo gana Colo Colo? Porque sabe que es su última opción para desbancar a la U en esta carrera; porque en el Monumental, otra cosa es con guitarra para sus rivales, sobre todo para los azules, quienes no ganan en Macul desde el 9 de septiembre de 2001; porque el técnico Héctor Tapia ha demostrado que, aunque le falta aprender, aprende rápido (asume riesgos con la misma facilidad con la que apela al pragmatismo, dominando dos o tres sistemas tácticos), y porque tiene figuras destacadas en todas sus líneas (Justo Villar, Julio Barroso, Jaime Valdés y Esteban Paredes). A priori puedo asegurar que los albos saltarán a la cancha con un 4-4-2, buscando más posesión de balón en una zona donde la U presenta dificultades (ausencia de Gonzalo Espinoza, que el uruguayo Guzmán Pereira no logra compensar), para acelerar en el último cuarto (por los costados, con Jean Beausejour y Gonzalo Fierro; por el medio con Emiliano Vecchio, Valdés y Paredes, más el apoyo de Esteban Pavez y su remate de media distancia. Al Cacique, sin embargo, no lo acompaña su banca, compuesta en su mayoría por jóvenes con muy pocos minutos en el cuerpo en partidos de tanta connotación.

-¿Por qué lo gana Universidad de Chile? Porque de las tres opciones que ofrece un partido, le sirven dos: el triunfo y el empate, y eso genera cierto umbral de tranquilidad, pues la presión se traslada a campo enemigo; porque tiene una intensidad de juego mayor que su rival, fundamentalmente en el sector central. Sin embargo, persiste la interrogante sobre el aporte real de Guzmán Pereira; porque, en sus últimos duelos, incluso jugando mal, terminó cosechando los tres puntos; porque tiene una banca muy sólida, con jugadores ya hechos y derechos en el fútbol profesional; porque también cuenta con individualidades importantes (Johnny Herrera, Osvaldo González –si es que está en plenitud física-, Patricio Rubio y el goleador Gustavo Canales); porque Martín Lasarte ha construido un camarín homogéneo, sin fisuras. A propósito del técnico charrúa: Lasarte arrastra un triste pasado a la hora de afrontar partidos decisivos. Es cosa, no más, de revisar su registro en Universidad Católica ¿Podrá sustraerse a esa historia y mostrar claridad y liderazgo este domingo? Nadie sabe con certeza la respuesta, ni siquiera el uruguayo, pero si pretende ser campeón, deberá mostrar mucho más de lo que hizo en la UC.

Así, y en atención a estos antecedentes, ustedes… ¿por quién apuestan?

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