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Black Mirror: Bandersnatch

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Todo sobre:Black MirrorEstreno

Hay una sola forma de empezar esta crítica maestra, queridos lectores, y esa forma es declarar a los cuatro vientos mi amor incondicional por Black Mirror. Quizás a ustedes todo les da lo mismo, pero tener una serie de este nivel en nuestras pantallas, me hace agradecerle al niño Dios el tener globos oculares y conexión a Internet. Quizás están acostumbrados a las series de ciencia-ficción de capítulos unitarios a todo pork, increíblemente bien escritas y actuadas, y que siempre sorprenden con algo que decir sobre nuestra sociedad, pero para mí este es un caso aislado que merece eternos aplausos y velitas, y sobre todo reconocimiento a su creador, el sequísimo Charlie Brooker, maestro.

Llega la interactividad a Netflix

Bueno, dicho todo eso les cuento. Netflix subió de sorpresa un capítulo especial de Black Mirror titulado “Bandersnatch”, y es una respuesta bastante radical a esa interrogante que todos tenemos desde el año pasado: “¿Qué podría hacer Black Mirror después de ese último capítulo “Black Museum” que ya lo dijo todo y es un final perfecto para esta serie?”. Y esa respuesta es: Un capítulo interactivo.

No sé si se acuerdan de esos libros “Escoge tu propia aventura”, pero eran muy entretenidos. Uno empezaba una historia, hasta que llegaba a una página en que el protagonista tenía que tomar alguna decisión. Por ejemplo: “Si quieren entrar a la pieza oscura, anda a la página 42. Si quieres escapar a la casa de tu vecina, anda a la página 69”, y así sucesivamente. Bueno pues los compadres de Black Mirror encontraron una forma de hacer esto con una serie, usando la tecnología de Netflix, las Smart TV’s, los smartphones y/o los computadores.

Cooperando con una irremediable demencia

El capítulo se trata de un adolescente espinilludo que en los años ochenta llega a trabajar a una empresa de videojuegos, con la idea de adaptar un libro de “Escoge tu propia aventura” a juego. Ahí conoce a un compadre que es como un genio programador filósofo interpretado por Syd de Toy Story. Su papá es medio pelmazo y tiene un pasado traumático, y habla con una psiquiatra que no lo entiende, pero pasan dos cosas un poco terribles. La primera es que el diseñar un juego “Escoge tu propia aventura” lo empieza a volver demente. La segunda es que a cada rato uno mismo tiene que escoger qué es lo que hace el compadre, cooperando a su irremediable demencia.

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Cabros, no les voy a mentir. Al principio todo este cuento me dio una lata impresionante (yo quiero que me lleven, no quiero estar diciendo todo el rato por qué calle doblar), pero a medida que iba avanzando, Bandersnatch me fue volando todo lo que es la cabezota, y procedo a explicar por qué. Lo primero que pasó fue que recordé esa emoción de ir “escogiendo”. Al principio parecía que las decisiones que uno tomaba no tendrían gran impacto en la historia (“Qué cereal comer al desayuno”), pero con el correr de los minutos todo se va haciendo más brígido. Y tal como ocurría con esos libros, empecé a llegar a callejones sin salida (finales abruptos y poco satisfactorios) y tenía que retroceder para corregir el curso. Al mismo tiempo, no podía dejar de pensar en qué habría pasado si hubiese escogido la otra opción, pero entonces Black Mirror me vio la cara de poco convencido y empezó a cambiarme el juego en las narices.

Un espejo al espejo…

La historia empezó a reflexionar sobre sí misma y el protagonista se dio cuenta de que estaba siendo controlado por alguien que tomaba las decisiones por él, justo después de que Syd de Toy Story explicara que los buenos juegos son una serie de universos paralelos que se van ramificando una y otra vez. En otras palabras, los peliculastas no solo se quedaron en los petardos de la interactividad, sino que aprovecharon de ponerle un espejo al espejo, y de tirarnos por un agujero de gusano lleno de probabilidades, donde uno mismo empieza a sentirse un sádico irremediable, apelado directamente por lo que está viendo en la pantalla. En serio, no voy a spoilear lo que pasa, pero hay un momento de Bandersnatch que es lejos lo más Black Mirror que ha ocurrido en todo Black Mirror, y eso es decir mucho.

(Pequeño paréntesis autobiográfico: No sé si leyeron “La historia interminable” de Michael Ende, pero es la única vez que me he sentido así de apuntado con el dedo por la ficción. Esa novela se trata de un niño que lee un libro de fantasía, y en muchos momentos el protagonista del libro de fantasía le habla o se refiere a la persona que está leyendo su libro, y aunque ese es el otro protagonista del libro, también es uno, es como verse en la tele del supermercado que está conectada a una cámara, una sensación muy extraña, les diré).

A final de cuentas, no se puede criticar mucho Bandersnatch, porque cada experiencia será personal y dependerá mucho de las (malas) decisiones y la paciencia de cada uno. Para mí fue una experiencia completamente alucinante, con un nivel de capas bastante estimulante para alguien que lo pasa tan bien con la ficción y que explota realmente las posibilidades de su medio, que además de toda la novedad del formato tuvo genuinos momentos OH MY GOD como en los mejores capítulos de la serie (muchas variantes de la secuencia alucinógena con salto al vacío, por ejemplo). También tiene muchas referencias al universo Black Mirror, y consigue hacer real y hasta tangible todas esas ideas con las que han jugado desde Rick and Morty hasta la película Edge of Tomorrow, pasando por Source Code y todos esos “videojuegos” cinematográficos. Con todo eso en cuenta, el capítulo es todo un éxito, y otro motivo más para agregar Black Mirror a la lista de las cosas buenas que le han pasado a la humanidad.

Gracias por existir, Black Mirror.

*Advertencia: No todos los dispositivos sirven para ver este capítulo. Yo no tuve problemas para verla en mi Smart TV, pero si son más antiguas no lo lograrán. Se van a la segura con los teléfonos, las tablets y los computadores. O por último conecten el compu a la tele y la hacen de oro.

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