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Crítica Mestra: ¡Los 8 Más Odiados (The Hateful Eight)!

Concurso_(2) (1)
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Debe haber sido difícil ser cowboy. Todo el día arriba del caballo mascando tonteras y a pleno sol con los medios ponchos. La única comida decente esos porotos en tarro asquerosos que se zampaban sentados en una roca incómoda al lado de la fogata mientras la serpiente de cascabel les mataba el caballo, etc. Todo mal. Aunque igual puede pasar algo bueno de vez en cuando y los vaqueros pueden por ejemplo encontrar el amor como los de Brokeback Mountain que pese a todo supieron encontrar las riendas de sus porotos y consiguieron domar el potro salvaje de sus sentimientos (metáfora).

¿Pero saben quiénes nunca van a encontrar el amor? Los vaqueros de esta película The Hateful Eight. Estos locos deben ser los personajes más malditos desgraciados infelices de la historia de los westerns, y por si no conocen este género les cuento que se caracteriza por tener alta abundancia de personajes malditos desgraciados infelices, y si no me creen acuérdense de Griff de Volver al Futuro III o del Apestoso Pete de Toy Story 2. Al lado de los 8 odiosos, esos son Flanders en misa.

Pero bueno la película parte con una carreta avanzando apenas en la nieve, y se trata básicamente de un cazarrecompensas bigotón Kurt Rusell que lleva a una asesina brígida a un pueblo para cobrar su plata, pero en el camino se encuentra con Samuel L. Jackson, que es otro cazarrecompensas y necesita que lo lleven. Y como esta es una película del Quentin Tarantino, famoso director de Reservoir Pulp Brown Bill Proof Inglourious Unchained, uno puede ver una escena de quince minutos de diálogo en que un personaje pregunta la hora. Eso es justamente lo que pasa entre Cazarrecompensas Bigotón y Samuel L. Jackson, que pasan ochenta y cuatro minutos conversando si comparten carreta al pueblo o no. Y menos mal que están apurados. Después se van encontrando con más personajes hasta que quedan todos encerrados en una posada en plena tormenta, y de a poco vamos conociendo quién es quién, y qué hacen en la posada, y cuáles son sus intenciones secretas, todo con esos diálogos eternos que tanto le gustan al peliculasta y con la media banda sonora y con actuaciones maestras que no se pueden creer. No es por exagerar pero en esta película actúan bien hasta los copos de nieve y opino que deberían nominar los copos de nieve al Oscar incluyendo Mejores Copos Que Consiguieron Entrar A La Posada Cuando Esa Puerta Del Demonio Se Abría y también a Mejor Aterrizaje Sobre los Bigotes de Bigotón. Secos, copos.

Concurso_(1)

Y bueno por si no se nota, amé cada segundo de esta película y ni me percaté de que dura diecisiete horas y un día. No voy a decir SPOILERS por el momento, porque mientras menos sepan de esta historia, mejor. Tuve la suerte de verla sin siquiera haber visto el tráiler, y no temo declarar esta película como la más impredecible que he visto en muchísimo tiempo. Lo juro. Hay películas que se pueden spoilear con una frase porque pasa una sola cosa sorpresiva (cof cof The Force Awakens cof cof), pero The Hateful Eight está armada con tanto cuidado y cariño, que hay que dejar que el peliculasta desgrane los porotos como él quiere, y dejarse llevar no más. Y como es una historia donde los personajes son tan malditos y todo es tan rudo, a cada rato me sorprendí imaginando que absolutamente cualquier cosa podía pasar. Es cierto que es como todas las películas de Tarantino, bien mutante y caprichosa, llena de tonteras que llaman la atención (como un narrador que entra en un momento, o como su saltito temporal y la división en capítulos), pero les juro sobre la tumba de mi Primo Feto que todo funciona, y todo aparece cuando tiene que aparecer.

Uno de mis momentos favoritos de todas las películas de Tarantino es cuando en Kill Bill vol. 2 dejamos a la flaca en el peor momento posible, enterrada viva en la solitaria tumba de Paula Schultz. Aquí el compadre se manda un salto temporal que parece muy caprichoso y antojadizo, y estamos los siguientes quince minutos viendo el cruel tutelaje de Pai-Mei. Un capítulo que es increíble en sí mismo, entretenido y lleno de momentos inolvidables donde el loco incluso se da el lujo de cambiar toda la onda aplicando las técnicas fliméfilas de las películas chinas de Kung-Fu, con zooms horribles y todo. Y cuando se termina el capítulo y volvemos a la flaca sepultada, entendemos perfectamente cómo va a salir del manso problemita, y dan ganas de aplaudir. No les voy a decir qué pasa en The Hateful Eight pero sentí exactamente esa misma satisfacción pulenta. El compadre deja el rompecabezas botado, te muestra algo alucinante que no sabías era una pieza más del rompecabezas, y cuando retomas estás acelerado a mil. Eso queridos lectores es ser un cuenta historias maestro. Mis respetos.

Y a los que alegan que Tarantino no tiene poder de síntesis y es muy lento les doy como ejemplo el detalle de “La carta de Lincoln”. Las tres veces que este ítem es mencionado/discutido significa algo distinto. Y te da vuelta todo el mundo cada vez. No he dejado de pensar en esa carta, y la última vez que sentí eso fue con el “Witness me” de Mad Max Fury Road, otro elemento increíblemente sencillo que aparece tres veces en la película, y las tres veces significa algo completamente distinto. Los amo, queridos narradores maestros de nuestros días.

Debe ser una de sus películas más graciosas además, precisamente porque hay tanta tensión y tan bien armada, que a la más mínima posibilidad de escaparse de esa tensión: Carcajadas. ¡Esa puerta! ¡O el café! Hay ciertos momentos que son francamente ridículos (como una línea de diálogo que es dicha en cámara lenta, con la voz lenta inclusive jajja) pero que en contexto funcionan tan bien que me dieron ganas de aplaudir. Y no fui el único, la gente en mi función estalló en carcajadas constantemente (a veces con demasiadas ganas) justamente porque estábamos todos con así cada pepa mirando la pantalla y podíamos transformar un pedazo de carbón en diamante solo con la fuerza de nuestras pompis apretadas. Bien ahí, Tarantino.

Concurso_(3)

Una cosa que pensé mientras veía la peli: Me dieron ganas de que esta se llamara Bastardos Sin Gloria, porque se merece mucho más el título que la otra. Es cierto que los “bastardos” hacían cosas despiadadas y terribles, pero se las hacían a los nazis así que da lo mismo. Igual eran héroes. Estos otros “bastardos” en cambio son despreciables siempre, y hay que ser un peliculasta muy seco para que uno no los odie y te sigan importando. Justo cuando alguien te está cayendo bien (o te está dando lástima), el personaje va y hace algo tan terriblemente aberrante que te dan ganas de que muera de la peor manera. Pero después no. Y así sucesivamente durante toda la película hasta que no puedes creer que estás admirando a alguno por alguna cosa. Si algo le gusta mucho a Tarantino eso es el “honor entre guerreros”, y por eso ralla tanto la papa con los samurái y los vaqueros. The Hateful Eight hace que los personajes te importen justamente por eso. Aunque son malditos engendros mal nacidos, algo de honor tienen, y cuando se declaran ese respeto o dejan ver que algo les importa en lo más mínimo que no sea la plata de las recompensas o el orgullo, te ganan. Cómo cambia tu visión de algunos personajes entre la primera vez que aparecen y dónde están al final de la película es francamente hermoso.

Ah y a propósito, algunas palabritas sobre Bastardos Sin Gloria y Django Unchained. A mí me gustaron esas películas (la primera más que la segunda), pero siempre encontré que eran un poco dispersas, o que les sobraban escenas, o que a Tarantino se le escapó de las manos el capricho. Tenían muchos personajes, muchos de los cuales se demoraban tres horas en ser presentados para que después dieran lo mismo (a ti te hablo Michael Fassbender). Igual las encontré filete, pero les faltaba ese pulido perfecto que sí tenían su Reservoir, su Pulp, su Brown y sus Bills. Incluso su Death Proof que mucha gente odia. Llegué a pensar que estábamos ante una nueva etapa de la obra Tarantinesca, y que nunca volveríamos a ver una película como las de antes. Bueno pues The Hateful Eight me hizo sentir como me sentí viendo esas otras obras maestras. Esa alegría de estar conociendo personajes nuevos, de escuchar diálogos rebuscados y graciosos dichos por actores que lo están dando todo. Esta película incluso perfecciona lo que ya vimos en Reservoir Dogs, con todos los personajes encerrados en la posada siendo capaces de dejar mansacas insospechadas, y donde no sobra ni uno solo, y son todos increíblemente entretenidos. Y violentos. Tiene el plus adicional que ya tenía Django: Por ser de otra época nadie habla de cine ni de tele ni de cultura plop, y se concentran en cambio en dar contexto, en armar el mundo, y en recordarnos que estamos en el viejo oeste, un lugar en el que nunca querríamos estar pero que por la chita que da para buenas películas.

Porque una de las gracias de los westerns es que transcurren en un mundo que es siempre mala onda y hostil, donde cualquiera puede morir de un balazo maletero, ser traicionado por el que le cambia la herradura al caballo, y donde los compadres no se pueden tomar ni un copetiwi en la cantina sin tener que estar mirando por encima del hombro. Si a eso le agregamos toda la mala onda que le tienen los personajes racistas a Samuel L. Jackson (porque es negro, spoiler), lo que tenemos aquí no es una posada sino una olla a presión a todo fuego. Y con petardos adentro. En una Copec. Lo que estoy tratando de decir es que en cualquier momento puede quedar la mansaca, y eso hace que los ojos se te peguen a la pantalla con clavos. Pero cuático.

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Ah y una cosa es que los personajes no hablen de películas (como suelen hacerlo), otra muy distinta es que el compadre haya dejado de ser fliméfilo. Desde Perros de la Calle (Reservoir Dogs) que se nota que Tarantino ama la película The Thing de John Carpenter. Ambas se tratan de puros hombres encerrados en un lugar, todos paranoicos tratando de descifrar quién es el policía/alienígena encubierto, todos al borde de matarse entre ellos, todos con muy escasas posibilidades de sobrevivir. Bueno pues si les gustan esas dos películas, con The Hateful Eight van a gozar porque es una reencarnación en espíritu de The Thing, incluso más que Reservoir. No solo actúa el bigotón Kurt Russell, sino que hay nieve, aislamiento, un socio negro, ¡y banda sonora de Ennio Morricone! Porque aunque no lo crean esta banda sonora no es de Morricone citando su obra en los westerns, es Morricone haciendo un soundtrack de terror. De hecho hay un par de canciones recicladas de otras películas (cuéntate una nueva Tarantino) pero no son recicladas de las de vaqueros, son de The Thing y The Exorcist II. Y a propósito de The Exorcist, no me digan que ciertas cosas que pasan en la película no son dignas de una historia de posesión diabólica. Jennifer Jason Leigh como Daisy Domergue, a ti te estoy hablando.

Este último tiempo las películas y la tele nos ha dado unos personajes femeninos increíbles. Y después de Furiosa de Mad Max Fury Road y Peggy de Fargo, tengo que incluir a Daisy Domergue entre mis favoritas de todos los tiempos. Cuando hablé de personajes malnacidos que te dan lástima y después vuelves a odiar, esta comadre se lleva todos los premios. Parte como una cabra chica apestosa pero de a poco va sacando las garras, y de a poco va complicando tus propios valores personales. En una época en que se habla tanto de igualdad, Daisy debiera ser un ejemplo.

(Paréntesis. He leído a gente decir que esta película es misógina por todo lo que pasa con este personaje, pero yo tengo que preguntar en qué universo paralelo viven los que hacen esos comentarios. Primero, ¿se les olvida la obra de Tarantino, un compadre que ha creado una y otra vez personajes femeninos increíblemente memorables que le dan guaraca a todos los hombres en sus respectivas películas? Y segundo, ¿no es mejor que Daisy esté al mismo nivel que los demás “odiados” en vez de ser una víctima como lo fue la Señora Django?)

Déjenme tirarles un poco más de flores a todos los que actúan en esta película. Estos ocho (y más) personajes están tan bien armados y actuados, que casi toda la película los tiene a todos permanentemente en pantalla, y nunca se siente sobrepoblada ni nada. Este es otro punto a favor si la comparamos con Inglorious Basterds o Django. En Basterds había muchos soldados, pero uno se acuerda de tres o cuatro. En Django los personajes memorables son los mismos tres o cuatro. Aquí en cambio hasta el chofer de la diligencia tiene su oportunidad de brillar. Y aunque Samuel L. Jackson y Kurt Russell son los que te tienen en el bolsillo desde el principio, todos los demás terminan haciéndoles el peso, incluyendo Michael Madsen como Coco Legrand y Tim Roth como Christoph Waltz. Maestros.

Finalmente quiero mencionar algo que a nosotros los espectadores chilensis no nos afecta tanto, pero que tiene a los gringos vueltos locos. El racismo en esta película es tratado de forma bien terrible, y el título original era El infierno blanco, un título que encuentro muy poético porque funciona en un sentido literal (la nieve) y en un sentido metafórico (el racismo) con frases para el bronce que hablan muy bien del clima terrible que viven estos gringos violentos buenos para matarse entre ellos. “La única manera en que un negro se siente a salvo, es cuando un blanco está desarmado” dice en una escena Samuel L. Jackson. O sea que además de ser filete da qué pensar.

En resumen: Igual me gustó su resto esta película y se las recomiendo a todos los fanáticos no solo de los westerns y/o de Tarantino. Se la recomiendo a la gente que les gustan las buenas películas y que como yo, se han quejado el último tiempo de la falta de películas “análogas” donde los peliculastas se olvidaron de lo importante. Para mí este es un nuevo clásico de todos los tiempos, y me dejó la vara altísima para lo que queda del año. Tres mil millones setecientas veinte mil quince estrellas y un Hermes Award Vitalicio a Quentin. Te banco, Popeye Hiperkinético Apestoso. Qué suerte vivir en una época donde sigues haciendo películas.

¡Preguntas frecuentes!

Oye pero qué onda tantas flores. Yo he leído a pura gente en mi Facebook diciendo que la película es una lata, la peor de Tarantino.

Gente tonta hay en todas partes. Además si yo fuera ustedes, no confiaría en el veredicto de personas que la vieron pirateada en el computador con un ojo en el Feis mientras esperaban que hubiera un balazo para volver a mirar la película. Esta es una historia de detalles, que crece. Mucho más 12 hombres en pugna que Kill Bill. La pura secuencia de créditos es un placer si está llenando una pantalla gigante con esa banda sonora a todo volumen. Para mí es lo que más he gozado una película de este compadre probablemente desde Kill Bill vol. 2. ¿Se acuerdan de esa escena increíble al comienzo de Inglourious Basterds? Bueno esta película es así PERO DURANTE TRES HORAS. Vaya a verla al cine, con confianza.

¿Hay cosas que conectan con otras películas de Tarantino?

Muchas “Tarantinadas”. Si son fanáticos del compadre las van a cachar al toque, pero si les cuento alguien podría considerarlas  SPOILERS. Pero si no se aguantan aquí van algunas, sáltense al punto siguiente si no quieren saber: Los personajes fuman “Red Apple”, la marca inventada que aparece en casi todas sus películas. El café malo vs. el café rico es un tema igual que en la casa de Jimmy en Pulp Fiction. Michael Madsen tiene un momento idéntico al que tenía en Kill Bill vol. 2 cuando se ríe porque consiguió derrotar a Uma. Tim Roth tiene unos momentos que son muy Perros de la Calle. A alguien le disparan en los kiwis igual que en Pulp Fiction, Inglourious, etc. Zoe Bell hace prácticamente el mismo personaje que tenía en Death Proof (menos su parte increíblemente alucinante), etc.

¿Está en el IMAX? ¿Qué es eso que leí de que se hizo en 70mm?

Esto es una cosa técnica que los puede latear, pero les explico. 70mm es un formato de proyección, que significa que la pantalla es MÁS ANCHA y con mucho más grano, lo cual se traduce en una imagen con mucha más definición, todo lo cual no tiene NADA QUE VER con el IMAX. En los USA hicieron una serie de proyecciones especiales en 70mm que significó que tuvieron que adaptar los cines, que actualmente ni siquiera saben MANEJAR este tipo de proyecciones. De hecho hubo reportes de funciones fallidas donde se quemaron las copias simplemente porque ya no existen proyeccionistas capacitados. Estas funciones además tenían una escena adicional, una obertura con música de Morricone y un intermedio a la mitad de la película, ninguna de las cuales llegará a Chile (sorry). En Chile la película sí se ve más ancha que el resto de las películas, y uno puede identificar perfectamente en qué punto va el intermedio, pero fuera de eso, solo se puede ver en salas normales. Pero vayan tranquilos, que se ve increíble.

Y ya, me largo. Gracias por leer, cabros.

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