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La mejor película en cartelera: El infiltrado del Ku Klux Klan

l infiltrado del Ku Klux Klan
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No sé si ustedes se mantienen informados con la política internacional, pero en Estados Unidos hay mucha gente enojada con el presidente Biff Tannen. Entre otros “problemas”, resulta que el compadre es más racista que Gárgamel y eso tiene al país en un clima muy tenso, con todos los racistas pelmazos convencidos de que por gin empezó la fiesta. (Afortunadamente los chilenos no son nada de racistas y tratan bien a todo el mundo sin importar su color de piel, por lo que podemos mirar de lejos lo que pasa en USA, sin tener que preocuparnos por replicar ese tipo de cosas, claro que sí).

Bueno, si les cuento esto es porque es fundamental para apreciar correctamente la película El infiltrado del Ku Klux Klan (“BlackKklansman”) del famoso peliculasta y ex amigo de Tarantino, Spike Lee. Esta es una película enojada, como todo lo que hace Spike Lee. El compadre odia lo que está pasando en su país, y hace una película ambientada en el pasado para gritarnos que las cosas siguen iguales, y que más nos vale hacer algo al respecto.

 “Y así un día de la nada llama por teléfono al Ku Klux Klan”

La película se trata de un compadre llamado Ron (Denzel Washington Jr.) que decide entrar a la policía por allá por los años 70, sabiendo que por ser negro lo va a pasar pésimo. Pasa el tiempo y lo tienen trabajando en los archivadores, por lo que el compadre decide ofrecerse para hacer trabajo encubierto, y de a poco, empieza a ir a reuniones de sus hermanos activistas, sospechosos de terrorismo. Pero sorpresa, en vez de encontrar terrorismo solo encuentra hermanos de lucha, gente que lo inspira y lo convence aún más de dar la pelea desde dentro, y así un día de la nada llama por teléfono al Ku Klux Klan con la intención de hacerse miembro, aprovechar el descuento en la inscripción, usar el 2×1, etc. Por teléfono el compadre les vende perfectamente a los racistas que él es un supremacista blanco y lo invitan a una reunión, pero el policía tiene un solo problema, claro: el color de su piel. Así que para seguir la ilusión y desbaratar al Klan desde adentro, el compadre va y habla con su hermano un experto en maquillaje de efectos especiales para películas, y después de mucho experimentar dan con el look perfecto para que nadie sospeche:

El infiltrado del Ku Klux Klan

Broma, no se enojen. Lo que hace el policía es hablar con su compañero Kylo Ren y usarlo a él para que sea el rostro visible del personaje que les inventó por teléfono. Aquí la película se transforma en un thriller policial brígido en la más Donnie Brasco o Los infiltrados, porque Dios mío que hay que ser valiente para ir a meterse a la casa de unos racistas armados siendo policía con micrófono.

“Esta película no se anda con rodeos ni sutilezas, cabros”

¿Pero saben qué? Como todas las películas de Spike Lee, la gracia no es tanto la trama ni la historia como un todo, sino los momentos y la actitud. Aunque el compadre ya tiene 61 años, sigue haciendo películas como si tuviera 21, así que llena su película con mucha choreza fliméfila (como gente mirando a la cámara, planos muy artísticos a pito de nada, secuencias de sermón ideológico sin tapujos, etc) y con un enojo que solo puede arder con las llamas de la juventud y/o la injusticia crónica.

Porque esta película no se anda con rodeos ni sutilezas, cabros. Desde el minuto 00:01, los personajes racistas son mostrados como cavernícolas ignorantes y sucios, que repiten como monos un discurso de odio infantil e indigno, mientras juegan con sus pistolas y sus cervezas. Los hermanos, por otra parte, se juntan a compartir ideas, a escuchar a sus ancianos contar historias de injusticia, y a bailar música hermosa desde los márgenes de la sociedad. Y sin nunca dejar de ser una tremenda película de detectives haciendo cosas de detectives.

Aquí me voy a detener un rato en el personaje de Kylo Ren. Este compadre es un detective que lo único que quiere hacer es “su pega”. No es racista, pero igual se ríe cuando molestan a Ron, y no deja de ser un hombre de su época. Sin embargo, su sentido del deber lo hace ir a meterse a ese nido de víboras que es el Ku Klux Klan, donde de inmediato lo empiezan a acusar de ser judío y policía (es ambas cosas). Y aunque él no cree tanto en la causa, igual le pone el pecho a las balas y tiene el que es mi momento favorito en cualquier película que ha salido este año (no se los voy a spoilear). La actuación del compadre es tan buena que uno se convence de inmediato que las nuevas Star Wars se lo han farreado con cuática (entre otros farreos), y que es definitivamente un actor que tenemos que seguir, aunque sea a la galaxia lejana, muy lejana. También creo que su personaje es un ejemplo de cómo mejorar el mundo: aceptar que somos todos imperfectos, pero que siempre se puede estar del lado correcto de la historia.

Y bueno, no sé si se nota, pero esta para mí es una de las películas del año. Corran a verla aunque esté en poquitas salas. Hagan lo correcto.

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