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La emocionante campaña de Netflix para la segunda temporada de “13 Reasons Why”

LG
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La mayoría de quienes vimos el año pasado la serie 13 Reasons Why a través de nuestra Smart TV LG, quedamos al terminarla con un nudo en la garganta. Y no, no fue por la cruda escena del suicidio de Hannah Baker (anticipada desde el capítulo uno), sino porque todos quienes hemos pasado por el colegio, sabemos lo brutal que puede ser el bulling. Un insulto puede ser gracioso en un grupo de jóvenes de 15 años, pero lamentablemente la víctima puede sentirse atacada personalmente, sobre todo en una etapa en que las identidades se están definiendo y la seguridad en uno mismo se está construyendo, ladrillo a ladrillo.

Es por eso que hoy en LGTV quisimos destacar la campaña de Netflix para promocionar la segunda temporada de 13 Reasons Why, no precisamente poniendo a sus protagonistas como centro de un tráiler, sino llevando las cámaras al verdadero escenario en donde se gestan estas problemáticas: la sala de clases.

Insultos y cumplidos

Veinte niños españoles se ofrecieron para hacer este “experimento social”. En su sala de clases, son grabados por una cámara. Una voz en off los llama a escribir en la pizarra los insultos que oyen a diario: “zorra”, “moro de mierda”, “ballena”, “lunática”, “maricón”, son algunos e ellos.

Entonces la voz los vuelve a emplazar: “aquellos que vean escrito algo que les hayan dicho, vayan a la pizarra”. De pronto, los veinte están de pie delante de la pizarra; “¿Cómo les hace sentir que les hayan dicho estos insultos?”, pregunta la voz. Unos dicen que entre amigos es broma, otra que decir algo así no le parece normal, que esas cosas se dicen para hacer daño y que te marcan la vida.

“Personalmente, a mi no me afecta que me llamen gilipollas o imbécil. Lo que verdaderamente me afecta es que me llamen enano de mierda, pitufo… y esas cosas, sabes. Y aunque me lo diga un amigo, a mí esas cosas no me gustan, porque no me sienta bien“, dice un alumno bajito.

La voz vuelve a entrar en escena y les dice que escriban tres cualidades de alguno de sus compañeros. Y empiezan a aparecer los cumplidos en la pizarra: “valiente”, “simpática”, “graciosa”, “cercana”, por ejemplo. Y la voz les pide que levanten la mano quienes recuerden que algún compañero les ha dicho algo así. Y son realmente pocos los que lo hacen, unos cuatro de los veinte de la sala. Uno dice que eso le parece deprimente, otro dice que no le hace cumplidos a sus compañeros por miedo a que el otro sea considerado mejor.

Se los llama entonces a decir sobre quién escribieron esas cualidades y empieza el momento más “me tirita la pera” de la campaña: “Alejando es tierno, puede pensar bien sobre cualquier persona” (dice el alumno bajito); “y lo más importante que es sincera”, le dice una amiga a la otra y la segunda, emocionada, dice “gracias”.

“Nadie me dice cosas positivas”, dice uno de los jóvenes. “Pues que nadie lo diga no quiere decir que no las tengas”, le dice su compañera.

Me hace sentir aceptada y querida, porque por muy insignificantes que parezcan tres palabras, pueden hacer sentir a una persona muy bien”, dice una de las jóvenes para terminar.

¿Dices cumplidos a la gente que quieres?

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