Mi perfil
Regístrate con
- ó -
Recuperar contraseña

Recomendado de Netflix para “maratonear”: Wild Wild Country

Wild_Wild_Country_Netflix_Osho
Agregar a favoritos

Una de las maravillas poco apreciadas de Netflix es la facilidad que le da a uno para maratonear series en distintas pantallas. ¿Se han fijado? Uno puede estar viendo la serie en la SmarTV LG, apagarla, y después seguir viéndola en el baño en la comodidad del teléfono. O después abrir Netflix en el computador para capear un rato y MAGIA, Netflix siempre sigue con el capítulo justo donde quedaste antes. Incluso, lo hace si descargaron el capítulo y después continúan viéndolo en otra pantalla.

Quizás esto les parezca innecesario, pero cuando uno está viendo una serie como Wild Wild Country, es el mejor invento desde que alguien decidió poner una salchicha en un pan y echarle palta, tomate, mayonesa y mostaza. Oh my God.

Wild Wild Country es un documental en seis partes que se trata de un señor barbón, líder espiritual, llamado Osho, y sobre cómo en los años ochenta formó su propia comunidad junto a diez mil hippies que lo seguían. El compadre tenía el sueño de hacer un mundo mejor aislado de la civilización, donde todos pudieran encontrar la felicidad a través de la iluminación, comiendo Super Osho y viendo El Chavo del Osho. Y para eso, él y los hippies compraron un terreno gigante en un pueblo de cuarenta habitantes en Oregon, y se dedicaron a construir toda una ciudad para ellos solos, con tiendas, hoteles, centros de meditación, y hasta su propio banco. Brígido.

Qué líder ni que Osho cuartos, dicen todos

Osho

Osho

¿Y qué me importa a mí todo esto? Dirán ustedes. Pues esa es la gracia del documental, cabros, porque déjenme decirles que es la tremenda historia, de esas que, si fuera una serie normal con actores y drama, uno no se la creería jamás. Lo primero que pasa obviamente es que todos los pobladores oriundos del lugar odian a los hippies y a su líder, y no están ni ahí con su sueño de comunidad. Qué líder ni que Osho cuartos, dicen todos, y empiezan a buscar formas legales de echarlos. Pero los hippies no son nadita de tontos y como tienen abogados y profesionales entre sus huestes, empiezan a dar una pelea que va escalando cada vez más… Todo esto contado con material de archivo y entrevistas a sus protagonistas. Señoras y señores que hoy día reflexionan sobre todo lo que vivieron, y sobre las cosas que hicieron bien y que hicieron mal. Sobre todo, lo que hicieron mal.

Porque al principio Wild Wild Country es una historia de gente que uno va admirando de a poco. No porque sean hippies ni porque sigan a don Osho, sino porque consiguen hacer cosas increíbles pese a tener todo en contra. Es imposible no agarrarles buena con toda esa gente que los quiere echar, simplemente, porque no los entienden, los encuentran raros o son xenófobos. Y ver que, pese a todo, están felices ahí en su ciudad recién construida, da una alegría en el corazón… Hasta que empiezan a hacer cosas realmente malas e inaceptables, y de a poco el “sueño” se empieza a desmoronar como una casa de naipes encima de una gelatina en un castillo de arena etc.

“Hippies con un sueño” vs. “gente enojada con ellos”

Wild Wild Country_Netflix

Yo sé que está repetido decir que las series o películas son como una “montaña rusa”, pero Wild Wild Country es justamente eso. En sus (poquito más de) seis horas, uno pasa de admirar genuinamente a estos hippies con su sueño de vivir alejados del sistema, a odiarlos por las cosas que fueron capaces de hacer, a admirarlos de nuevo por su arrepentimiento y sus vidas después de lo que pasó todo. También es sorprendente que transmitan lo importante que fue don Osho para todo el mundo, incluso para aquellos que lo odiaron e hicieron todo lo posible por verlo no solo lejos de su país, sino también tras las rejas. Porque esta historia de “hippies con un sueño” vs. “gente enojada con ellos”, es finalmente la historia de un fracaso. De lo que pasa cuando un montón de gente con muchos recursos (y no hablo solo de plata) quiere realmente hacer algo distinto con la vida y con el mundo, y de cómo eso es una crónica de una muerte anunciada. No tanto porque el resto del mundo no los acepta, sino porque el ser humano no puede escapar de sí mismo.

Yo sé que todo esto suena a filosofía barata de panfleto, pero es el tipo de cosas que pensé viendo Wild Wild Country. Como esa historia famosa del Paraíso en que todo estaba perfecto hasta que la misma humanidad decidió arruinarlo todo (no sé si ubican esa historia), estos hippies y don Osho hicieron exactamente lo mismo. Pero la manzana y la serpiente eran ellos mismos, no sé si me entienden la metáfora. No pudieron evitar contaminarse con las mismas cosas que ellos mismos criticaban y que los hicieron buscar su propio espacio.

También debo decir que este documental tiene uno de los personajes más fascinantes que he visto en una pantalla en los últimos tiempos: Ma Anand Sheela. Se supone que era la secretaria personal de don Osho, pero era realmente la líder y rostro oficial de los hippies, y ver cómo se va transformando hasta ser una supervillana es una de las cosas más increíbles de Wild Wild Country. Pero eso es broma en verdad, si estás leyendo esto Sheela no te enojes conmigo, te lo suplico, perdóname.

Osho y Ma Anand Sheela.

Osho y Ma Anand Sheela.

Bueno, si ya vieron esta cuestión saben perfectamente de lo que estoy hablando. Si no la han visto, ya tienen panorama para este fin de semana largo. Namasté, cabros y gracias por leer.

Disfruta de esta serie en la app de Netflix de tu SmarTV LG y este fin de semana largo, ¡qué mejor!

¿Cómo encontraste este artículo?

Débil Regular Excelente

ad