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Se va la bolita, cabros. Batman vs. Superman: Round 01

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Hola cabros, les habla el Hermes Antonio del pasado. El Hermes que tiene el corazón lleno de esperanza y que todavía no ha visto Batman v Superman: Dawn of Justice. Estoy madrugando. La función de prensa en IMAX empieza en un par de horas y quise despedirme de ustedes y contarles unas pocas cositas que tengo en el corazón fliméfilo a momentos de ver una de las películas que más he esperado en toda mi vida. Una película que desde que se anunció y que, a medida que soltaba noticias, fotos y tráilers, me traía a la cabeza siempre el mismo pensamiento: No puedo creer que estén haciendo esta película.

Lo he dicho un montón de veces (y aquí viene una vez más, sorry) pero yo soy de los que siendo chicos tuvieron un mini-infarto cuando en la Batman de Schumacher mencionaban “Metrópolis”. Piensen en eso un ratito. No mostraban Metrópolis, simplemente mencionaban esa palabra, y uno ahí sentado con el mini-infarto todo emocionado porque esa película horrible que estábamos viendo, transcurría en un universo donde también existía Superman. Eran el tipo de emociones sorpresivas que te hacían salir del cine contento aunque lo que viste fue una aberración abyecta del infierno repugnante de los bodrios. Una película horrible que de todas maneras le hizo cariñito al nerd que llevabas dentro, porque habías visto en el cine algo que tenía una mínima conexión con esos cómics que te gustaban, y con esos personajes que conocías de antes.

Y yo no me considero un fanático de los cómics, ah. Tengo unos cuantos pero no los colecciono, no tengo idea quién es quién ni qué está pasando en los cómics hoy en día, pero puedo hablar de algunos libros famosos. Me importa un pepino que la película Civil War no sea como el cómic Civil War, y me pasa lo mismo con The Walking Dead. Pero hubo una época en mi vida en que leía muchos cómics sin tener conciencia realmente de que estaba leyendo cómics. Era algo que hacía no más, como prender la tele y ver una teleserie después del colegio. Sí, me entretenía, obvio que iba a buscar el capítulo siguiente. Era la época en que los nerds no sabíamos que existía tal cosa como “ser nerd”. Éramos el rarito que leía cómics. En todos los cursos había algunos. En el mío éramos tres.

Por pura casualidad (porque ya les dije, no fue algo que planeé), leí mucho Batman y Superman por esos días. A mí ya me gustaban las películas de Superman con Christopher Reeve, y ya había visto la Batman de Tim Burton, que también me gustaba mucho. Pero en los cómics conocí un lado de esos personajes que ninguna película me había mostrado. Eran más serios, tenían más ciencia-ficción, Lex Luthor era un genio brígido capaz de armar una supercomputadora cuyo único propósito era revelar la identidad secreta de Superman. ¡Ese capítulo era cuático! Terminaba en que la supercomputadora le tiraba el resultado, y el resultado decía “Clark Kent”. Oh my God! Imagínenme a mí leyendo esa cuestión en clases tratando de pasar piola pero con así la mandíbula. El giro que venía después era mejor todavía, porque después de revelarle la identidad de Superman, ¡Lex Luthor no se lo creía! ¡Y maldecía a la computadora por ser una basura inservible! ¡Y se iba, enojado! Me perdonará el amigo Gene Hackman con su empleado tontorrón gracioso y sus planes ridículos, pero este otro Lex Luthor era mucho mejor.

Y si Superman me gustaba, Batman ni les explico. El favorito de todos los tiempos, lejos. Era tan ídolo, tan pulento para las investigaciones, tan maestro para las peleas, tan… ¡Superhéroe! En esa época Batman me hacía sentir como el cabro chico de Sanjay Super Team. O como Carl Fredricksen péndex viendo el newsreel de los exploradores aventureros. Me gustaba todo lo relacionado con Batman, y creo que no leí un solo cómic del compadre que no me gustara. Porque lo que siempre hizo que Batman fuera mi favorito, fue que el mundo a su alrededor era tan maestro como él. Los artilugios. El comisionado Gordon. Alfred. Y sobre todo: ¡Los malos! Batman debe ser el personaje con mejores villanos de la historia de la cultura plop, y eso lo descubrí con los cómics, mucho más que con las películas.

Porque en los cómics, Batman existe en un universo sobrenatural. Hay lagartos gigantes mutantes, hay hechiceros, y mucho científico loco que se transformó en algo espantoso. Hay un hombre murciélago (literal), hay un monstruo de arcilla que cambia de forma, una loca que domina la flora. Hay demonios, vampiros y zombis. Pero de alguna forma, este elemento sobrenatural nunca se pasó a las películas. Ni las más exageradas de Tim Burton o Joel Schumacher les abrieron las puertas a lo sobrenatural. Había ciencia-ficción, sí. Había tontera, mucha. Pero Batman no entraba jamás en territorio fantástico. Y de extreterrestres, ni hablar.

Después de las películas de Christopher Nolan había menos posibilidad para la fantasía. Una de las cosas de esa trilogía que más nos gustó es justamente que el compadre quiso hacer un Batman real, uno que era más policía que superhéroe, que se metía en guerras de mafiosos y transformaba su propia guerra contra el mal en una estrategia política. Batman se nos puso grande, con tramas complejas y actuaciones que podían ganarse un Oscar. Y a los fans nos encantó. ¡Sí! ¡Esto es lo que leíamos en los cómics! Ahí estaba el detective, el alma atormentada, el huérfano que nunca se recuperó de la muerte de sus padres. Jajajja, ¡toma Tim Burton! ¡Guárdate tus poodles y tus castillos! Batman es real, viejo.

Y junto cuando pensamos que no habría algo mejor que las películas de Nolan se nos vino encima Marvel. Lo que pasó fue que se dio vuelta completamente la manera en que se producen y se consumen estas películas, y fue posible ver en cines algo que parecía exclusivo de los cómics: Los universos expandidos. Donde todos los personajes convivían en el mismo universo, y aparecían en las películas de todos, y la historia estaba completamente interconectada. Para el mundo fue como “wow”. Para los gorditos que leíamos cómics fue como “por fin”.

Pero de alguna manera, Batman seguía sin llegar ahí. Superman tampoco. Los “grandes” estaban lejos todavía. A George Miller le bajaron una película de La Liga de la Justicia precisamente porque el mundo no estaba listo. O eso creíamos. Porque de pronto anunciaron que harían Batman vs. Superman. Y dijeron que Batman sería Ben Affleck. Aparecieron las primeras fotos. Aparecieron los primeros tráilers. Y cada vez que pasaba una de esas cosas, yo seguía pensando: No puedo creer que estén haciendo esta película. Y ahora estoy a minutos de verla, en el IMAX.

¿Le tengo fe a Batman vs. Superman? No sé. No parece ser una Gran Película, así con mayúscula. No creo que sea una historia que me sorprenda a cada giro, ni que me haga sentir emociones intensas, ni que me haga pensar en el mundo que vivimos mientras me reencanta con el lenguaje cinematográfico gracias al uso maestro del medio. Es prácticamente imposible que eso pase con Batman vs. Superman porque sería prácticamente un milagro, y eso ya existe y se llama Mad Max: Fury Road. Yo espero otra cosa de Batman vs. Superman. Espero que me muestren a esos personajes y esos mundos que todavía no he visto en una pantalla, moviéndose y metiendo bulla, espero que le abran la puerta a ese universo gigante donde conviven los gigantes.

Y por lo que se ha visto de los tráilers, ya lo consiguieron.

Ahí está Batman, con la agilidad de luchador invencible, trapeando el piso con delincuentes a puño limpio, con la claridad y actitud pulenta que vimos siempre en las páginas de los cómics. Está el Alfred soldado que lo acompaña en la batalla ensuciándose las manos. Está su estatus de superhéroe máximo cuando se mete a la nube de destrucción aunque anda de civil. Y aún mejor, ahí está, conviviendo con monstruos, diosas amazonas y sí. Extraterrestres. Dicho de otra manera: Batman vs. Superman puede tener 99 problemas, but a Batman ain’t one. No pensé que vería un Batman así en una película, no tan pronto por lo menos. Y aquí estamos.

¿Estoy preocupado? Sí, obvio. Quiero que esta película sea buena, quiero que Batffleck sea el mejor Batman de todos, quiero que los personajes de DC tengan un piso firme para seguir haciendo películas igual que Marvel. Quiero querer a estos personajes por lo que hacen en sus películas más que por lo que tengo en la cabeza, y quiero que lo que pasa en la película coincida con lo que tengo en la cabeza. Yo sé que es mucho pedir, y que es imposible de conseguir con todo el mundo, ¿pero saben qué? Yo soy facilito. A mí me ganan con cariño hacia los personajes, y no hacia los fans. Los fans gozarán igual si los personajes están tratados con cariño, y creo que eso es lo único que podría arruinarme esta película. Que se note diseñada. Que no tenga alma. Que se farree lo que tantas películas costó conseguir. Sería increíblemente decepcionante que a Superman le falte lo que hace grande a Superman, y que a Batman le falte lo mismo. Sería muy triste ver secuencias de acción espectaculares donde los personajes no nos importen. Frustrante que pasen cosas porque sí. Indignante que nos traten como idiotas, e imperdonable que el mundo del cine siga sin conocer a estos personajes como los conocía ese gordito que leía los cómics fondeados entre medio de los cuadernos.

Y bueno, ya tengo que irme yendo. Hoy día ven la película los críticos famosos y ya nos avisaron que tendremos “embargo” hasta el martes. Esto significa que no podremos opinar sobre la película en ningún canal, así que quise despedirme de ustedes contándoles un poco lo que tenía en mi alma fliméfila antes de ir a verla. Si no quieren tener spoilers les recomiendo que desaparezcan de las redes sociales a partir del lunes. Ese día es la avant-premiere y de ahí en adelante no habrá forma de escapar de las reacciones de esta película. Habrá funciones de pre-estreno desde el miércoles, y muy pronto esta película será una más dentro de muchas y dará lo mismo. Pero yo espero que no. Gracias por leer, cabros. Ahora voy a mi primer round, antes que ustedes. Deséenme suerte.

Y que tengan todos un muy feliz Batman v Superman: Dawn of Justice.

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