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Serie de Netflix pone a los asesinos como protagonistas de sus historias

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“Todos los asesinos condenados a muerte tienen una historia para contar. Escúchalas y juzga por ti mismo”.

Si alguna vez viste (o, en su defecto, ojalá estés por ver) la serie de Netflix Mindhunter en tu Smart TV LG, de seguro esta temática te traerá recuerdos. Detrás de todo asesino, por cruento que sea, hay un ser humano con una historia para contar: triste, macabra y desgarradora. Por primera vez, Netflix pone como protagonistas de un relato documental a asesinos reales condenados a muerte. Antes de que se cumpla su justa sentencia, ellos tienen algo que decir en Soy un asesino.

“No me siento mal por eso”

Con esta frase, acompañada por una sonrisa bastante perturbadora, Netflix muestra en su tráiler a uno de los asesinos que protagonizan su nueva serie documental. Si bien hasta ahora la plataforma de streaming nos había propuesto varias series de asesinatos que plantaban una duda respecto a la culpabilidad del sentenciado en el espectador —como The Confession Tapes o Making a Murderer– esta propuesta no deja ninguna duda: en los 10 episodios se presentan a cámara asesinos de tomo y lomo, por primera vez con tribuna en TV. Así, esta producción permite acceder a un mundo que, usualmente, está vedado para los medios de comunicación.

Producido en colaboración con A + E Networks UK y Sky Vision Productions, este documental presenta en cada uno de sus episodios de una hora, a un hombre condenado a muerte por crímenes que no niegan haber cometido. Sí, hombres, porque a pesar de que existen muchas mujeres asesinas, la producción optó por elegir solo a miembros del género masculino.

 

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¿A quiénes retrata Soy un asesino?

Algunos de ellos son:

  •  Miguel Martínez, el asesino más joven jamás condenado a muerte en Estados Unidos, a causa de un triple asesinato en 1991, vinculado al satanismo.
  • Wayne Doty, quien pidió ser ejecutado en la silla eléctrica, a pesar de que este método ya no se utiliza. Como es de suponer, su estado mental es puesto en duda.
  • Deandra Buchanan, quien mató a su tía, padrastro y novia, pero dice no recordarlo porque estaba muy drogado.
  • James Robertson, quien mató a su compañero de celda en la cárcel, cuando estaba sentenciado a confinamiento solitario, pues era la única forma de escapar de esas terribles condiciones.

En cada episodio, cada uno de estos hombres es entrevistado para conocer diversos aspectos de sus vidas, desde sus historias personales hasta por qué sienten que no encajan en el sistema. Las narraciones son inquietantes, al igual que la franqueza con la que muchos de ellos relata su experiencia criminalística, no exenta de misterios.

Paralelamente, la serie documental hace un retrato detallado sobre el sistema de pena de muerte en Estados Unidos (uno que en nuestro país ya fue abolido), deteniéndose en muchas de sus injusticias. Y también adentrándose en los matices de cada historia: edades muy tempranas en que el crimen fue cometido, una colaboración que facilitó un asesinato perpetrado por otro, estado de ebriedad o drogadicción o, incluso, argumentaciones en defensa personal. Lo que todos comparten es su sentencia y un fácil acceso a una arma de fuego.

Es una producción para esos adictos a las series de crímenes que esta vez buscan algo distinto, una verdadera fotografía instantánea de una personalidad sin duda perturbada.

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