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¿Son importantes para la industria televisiva los realities de cocina?

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La televisión chilena suele anclarse a modas, pero superficialmente, en el fondo, el modelo es el mismo. Anquilosados en viejas prácticas y formas de producir televisión, la idea actual que se tiene del negocio es recoger la mayor cantidad de rating para poder vender los espacios publicitarios. De ahí la idea de querer abarcar a todo el mundo con producciones que vuelven modas ciertos productos.

¿Han visto cuantas teleserie turcas se han transmitido en los últimos dos años? El cine y las series tampoco son una opción. Cada vez más, los chilenos tiene acceso a una amplia oferta como la televisión por cable o el internet. ¿Game Of Thrones podría darle pelea a una turca? Puede ser.

Pero ¿para qué transmitirla si la puedo ver en HBO sin cortes comerciales? El avisaje es un método que permite ganar directamente. En Chile no se puede (o quiere) arriesgar en modelos poco convencionales para ganar dinero. Sin ir más lejos, HBO puede permitirse producciones de ese nivel, porque su señal es de pago y puede absorber deudas de algunos shows, dado que pertenecen a Time Warner. Entonces, aunque no ganen dinero (o tanto dinero), ganan mucho en credibilidad y calidad, además de posicionamiento de marca, que los lleva a un reconocimiento. Sus productos son superiores. Como ellos mismos dicen: No es televisión, es HBO.

¿Y en la televisión chilena?

En la TV chilena eso es imposible. Poseemos códigos culturales que tampoco lo permitirían. Todos aman Breaking Bad y The Walking Dead, sin embargo, sus versiones para los canales de televisión abierta acá fueron un fiasco, porque no las pusieron en un horario adecuado (como si lo hizo Canal 13 con Lost en su momento) y porque las versiones dobladas al español no son la mejor opción con respecto a la calidad.

¿Es un crimen colocar un show subtitulado en Chile? No, pero es algo muy, muy, muy arriesgado.

Es evidente que existen esfuerzos nobles por parte de productoras, canales pequeños e inclusos productoras web al traer contenido fresco y de calidad. Ellos entienden desde la perspectiva que les da gestionar los escasos recursos, que la televisión debe funcionar en base a nichos y segmentos específicos, más que en agradar a moros y cristianos. Ahí tenemos notables esfuerzos en el cable como Más te Vale, Campo Minado o los hace poco finiquitados, Vigilantes.

Pero la televisión abierta no se rige por esas normas. Debemos hacer que mucha gente vea nuestros programas, para que podamos vender caro el espacio.

¿Recuerdan las maratones de Los Simpsons por parte de Vasco Moulian?

Todo esto, que no es nuevo ni desconocido, me trae al siguiente punto. No hay que ser un genio para darse cuenta que el modelo de avisaje está obsoleto.  Tampoco hay que serlo para saber que no lo van a cambiar. Bajo esa arista, vamos a tener que estar acostumbrado a la adopción de formatos extranjeros que nos aseguren rating.

Los precedentes

Eso nos lleva directamente al cinco de enero del 2003. Día de la primera emisión del fenómeno que fue Protagonistas de la Fama. El primer reality show de la televisión chilena.

¿Se acuerdan de este reality?

Desde la irrupción de este formato hemos visto una mezcla de muchas cosas. Por ejemplo, un cínico aumento de la preocupación por el pluralismo y la dignidad de las personas en pantalla (en 2011 se recibieron 1.552 denuncias de las cuales el 23,7 %  correspondían a espacios de telerrealidad según datos del CNTV) y, sin embargo, un aumento de adolescentes consumidores de este formato.

Los adolescentes por ejemplo (13 a 17 años), aumentaron significativamente su consumo de Telerrealidad, pasando del 6,7% el 2011, al 10,3% el 2012.

¿Y qué pasa con la oferta cultural? Otro estudio responde:

La oferta total de programación cultural durante 2011 fue de 2,3% (1.179 horas), respecto al total de horas emitidas. Esto equivale a un promedio de 24,5 horas a la semana entre todos los canales de TV abierta. El consumo, por su parte, fue de 2,4%, es decir, alrededor de 24 horas en promedio por persona, equivalentes a 30 minutos a la semana.

Entonces, queda claro que a la gente le preocupan los contenidos que atentan contra la dignidad, pero -extrañamente- cada vez sube más su consumo ¿o no?

En el informe preparado por el CNTV para la oferta cultural para el año explica que de 51.860 horas de programación emitida, solo 23,0 % corresponde a programación con cierta implicancia social, mientras que 77,0 % es acerca de entretención.

Más claro, echarle agua. La gente ya no quiere peleas, pero tampoco quiere ver TV cultural. Eso explica la popularidad y proliferación de programas como Master Chef.

En Master Chef o Top Chef han encontrado al mejor aliado: programas que fomentan el concurso y lo mezclan con la emotividad personal de los concursantes sin rallar en lo antiético, sin dejar de lado el formato de telerrealidad.

Programas como Master Chef, hoy alcanzan altos niveles de audiencia en nuestro país.

Generan mucho ruido en las redes sociales. Muchas veces el programa fue trending topic (curiosamente, sin poder ganarle a las teleseries turcas, sintomático de todo lo que hemos dicho) y se destacó la presencia de actores sociales habitualmente poco incluidos en la pantalla. Abuelitas, personas invidentes, de bajos y altos recursos,etc.

Se aseguró bajo la tónica del programa un perfil fuerte de avisaje (muchas marcas de comida y cocina) y se potenció entre otras cosas, la idea de una “cocina” para todos.

Los programas de cocina en la industria son importantes en la medida que no aburran al público. Carecen de una sustancia, pues están diseñados como paliativo a una oferta que cada vez más se diluye. La gente ya no se sienta los viernes a ver televisión, ya que simplemente cada uno tiene ahora un televisor en su pieza.

Y mientras sigan haciendo programas bajo el modelo de querer quedar bien con todos, vamos a seguir tragando moda tras moda, en vez de ver que el problema no es la falta de público, sino que apelar a la propia diversificación.

 

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