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The Americans: Los agentes de la KGB que enamoran

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Me subí tarde a este tren. Mucha serie terminando temporada y poco tiempo para entregarme a un maratón televisivo, le jugaron en contra a The Americans.  Tampoco ayudó que Keri “Felicity” Russell fuera la protagonista. Mi marido tenía demasiado fresca en su memoria mi obsesión con la triste y calamitosa vida de la crespa universitaria y estaba decidido a alejarme de la serie. “¿Felicity en versión Mata Hari? Negra… plis”, era la respuesta que obtenía cada vez que proponía que viéramos The Americans.

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Finalmente Fox Play hizo el trabajo por mí y cargó en su parrilla toda la primera temporada de la serie. El maratón estaba allí, a un clic de distancia y ni las amenazas de divorcio me iban a alejar de mi cita pendiente con los agentes de la KGB. 

Play al episodio piloto y los primeros minutos nos muestran a los protagonistas de esta historia haciendo su trabajo. Elizabeth (Keri Russell) abre el cierre del pantalón de un empleado gubernamental y consigue la cuña perfecta “el Presidente Reagan… no sabe todo lo que está pasando”. Philip (Matthew Rhys) está tras los pasos de un desertor ruso, suena Tusk de Fleetwood Mac, y el himno de Miami Vice va marcando los tiempos de una impecable escena de persecución. 

Con este tipo de actividades extramatrimoniales, entendemos por qué la relación entre Elizabeth y Philip Jennings es un poco más compleja que la de las parejas que se pelean por el control remoto. Fueron emparejados por la KGB en la década de 1960  y enviados a los Estados Unidos para vivir como marido y mujer, echaron raíces, tuvieron dos hijos y hoy, a principios de los 80, los crían como niños americanos. De día trabajan juntos en una agencia de viajes; de noche salen de cacería, plantan micrófonos y seducen estratégicamente a empleados gubernamentales.

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Phillip parece un estadounidense cualquiera. Se adaptó rápido, le gusta vivir en los suburbios y la comida americana, y no tiene problemas en reconocerlo. Elizabeth es inquebrantablemente fiel a la URSS y bajo su rostro de muñequita de porcelana se esconde una rabia feroz contra Estados Unidos y sus valores capitalistas. Uno de mis diálogos favoritos lo tiene con su hijo, cuando el pequeño, que está obsesionado con los astronautas y duerme bajo un cubrecama de Star Wars, habla sobre la llegada del hombre a la luna y la madre no puede evitar el tono defensivo: “Sabes, la luna no es todo. Solo llegar al espacio es un logro importante”.

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La dinámica familiar de los Jennings es sutil, delicada y fascinante, con dos protagonistas entregando actuaciones impecables tanto en la escenas salidas del más puro y tenso thriller de espionaje como en aquellas donde la falsa vida matrimonial que han perpetuado por 20 años se vuelve contra ellos. ¿Acaso la ficticia rutina conyugal se convirtió en amor real? ¿Son solo colegas o se aman?

Ya sé lo que están pensando. Ya vimos historias de amor mezcladas con spy games en Homeland, pero, a riesgo de perder a todos los Carrie Mathison fans en este párrafo, debo decir que The Americans es la nueva Homeland para todos los que se aburrieron de Homeland.

Las comparaciones son tan odiosas como peligrosas, pero la vida es fome si uno nunca toma partido, así que allá vamos: 

Mientras Homeland optó por encajar a la fuerza toda la trama de espías, terroristas y patriotas para que la historia de amor entre Carrie y Brody pudiera florecer, The Americans prefirió dejarle el protagonismo al espionaje. El amor es parte de la historia, pero no se come la trama completa. Punto para los rusos.

Ambas series tienen personajes femeninos alucinantes. Poco y nada queda de la Felicity rulienta que usaba faldas largas, sweaters gruesos y mocasines Hush Puppies. El nuevo papel de la Keri es duro e implacable y nos entrega una interpretación altamente convincente de una madre poco común, que en un minuto puede estar cocinando la colación de sus hijos pequeños y segundos después está asesinando a un enemigo de la causa con sus propias manos. No logra superar al huracán Carrie Mathison, solo porque Claire Danes sigue teniendo en su poder un personaje hecho a medida y su interpretación de la agente ya quedó grabada en la historia de los grandes personajes femeninos de la TV, pero está a la altura y promete seguir ganando terreno. Este punto se lo vamos a dar a Homeland BECAUSE seguimos amando a Carrie.  Rusos 1, Homeland 1.

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The Americans rechaza la obsesión febril por el cliffhanger al final de cada episodio, a diferencia de Homeland, que acostumbró tanto a su público al recurso que no pudo evitar la decepción de la audiencia cuando quiso profundizar en sus personajes y dejar de lado la sorpresa del minuto 50. Rusos 2, Homeland 1.

Detesto profundamente el argumento de viejito latero de “todo tiempo pasado fue mejor“, pero si hay una temática en que me aferro a la nostalgia es en las historias de espías. En gran parte de las historias sobre agentes ocultos entre nosotros, la tecnología juega a favor de los guionistas perezosos, asiduos a resolver las problemáticas con sofisticados aparatos que nuestra ignorancia está obligada a aceptar a ojos cerrados. ¿Cómo consiguieron la información? Fácil, un hacker la obtuvo.  La distancia histórica de The Americans vuelve todo más artesanal y acá vemos pelucas, disfraces, micrófonos, código morse y mensajes manualmente descifrados. Rusos 3, series de espías con celulares y aparatos satelitales 0

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The Americans se plantea como una oscura fantasía, no solo de espionaje, sino también de la vida doméstica de personajes que esconden un lado criminal detrás de una supuesta “normalidad“, que estremece por lo cotidiana y brutal.

La pareja de agentes no llegó a Estados Unidos persiguiendo el sueño americano, pero están viviéndolo y enfrentándose a él a cada segundo. Elizabeth teme que sus hijos sean absorbidos por el sistema capitalista que vino a destruir. “Podrían crecer para convertirse en  socialistas “, dice. “No van a ser socialistas, en este lugar no se crean socialistas”, le responde Phillip. Es una situación imposible que sobrepasa los límites de la intriga internacional y profundiza en una absorbente historia personal que ya no solo se trata de la victoria de la madre patria, sino sobre la familia. The Americans tiene voz y una identidad propia.

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El cuadro se completa con un grupo de personajes secundarios de primer nivel encabezado por un insuperable Noah Emmerich (Beautiful Girls, The Truman Show, Cop Land), en el papel de agente Stan Beeman del FBI, y Margo Martindale (Million Dolar Baby, Las Horas, Agosto), en el rol de la mujer que supervisa las acciones de los agentes de la KGB. La relación de la pareja de espías con estos personajes es tan tensa como explosiva y le entrega a la serie, en pequeñas, deliciosas y a veces brutales dosis,  nuevos niveles de profundidad.

Un Oldsmobile Delta del 77, una fachada de familia feliz, lealtades en conflicto y complejas y omnipresentes ambigüedades que nos demuestran, una vez más, que la gente aparentemente aburrida y normal, es la que esconde las vidas más emocionantes.

En un fin de semana pagué mi deuda. 13 capítulos a la vena y una nueva obsesión televisiva que me tiene contando los días para poder sumergirme en la segunda temporada.

¿Qué esperan para sumarse camaradas? La primera temporada los está esperando en Fox Play

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