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Tercera temporada de House of Cards : TV Review

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*Esta columna no contiene spoilers de la tercera temporada. 

House of Cards logró un merecido lugar entre las series de calidad, con una peculiar mezcla de drama político serio y porno tv para audiencias adultas. En las dos primeras temporadas, Frank Underwood construyó su camino a la Oficina Oval mintiendo, confabulando y destruyendo enemigos a diestra y siniestra, en una historia que incluyó periodistas lanzadas, literalmente, a las líneas del tren y tríos sexuales. Imposible resistirse al subidón adrenalínico de un maratón junto a los Underwood, aunque a ratos el drama se sintiera inverosímil y quedara en el aire la sensación de que todo les salía demasiado fácil.

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El problema es mantener ese ritmo: hasta la pornografía más osada deja de sorprender cuando repite la fórmula. La primera mitad de la tercera temporada se siente más débil que las anteriores. Las contorsiones del guión desarollan distintas subtramas que, sin bien logran mantener nuestra atención, están lejos de ser algo nunca antes visto en televisión.

Kevin Spacey y Robin Wright siguen entregando sólidas actuaciones y la serie continúa entregando la perturbadora entretención a la que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, la producción original de Netflix no logra escapar a la maldición de la fatiga de la historia en esta última temporada.

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Resulta muy difícil no fastidiarse con un presidente ruso que bordea la caricatura y con la traición flagrante a personajes como Jacqueline Sharp (Molly Parker) que, sin previo aviso, pasa de ser una mujer inteligente y compleja a una femme fatale con trajes ceñidos y diálogos de teleserie. Si bien en entregas anteriores se soportaban personajes infumables como el hacker y su ridículo cuye, ahora el paladar se volvió más exigente y todo lo que suene a relleno molesta.

Pese a todo, la casa de naipes se mantiene en pie. El arquitecto de la serie, Beau Willimon, sigue desarrollando una atractiva radiografía de la política actual y sabe retomar el humor en la ruptura de la cuarta pared. Con la ayuda experta de James Foley tras las cámaras, sale victorioso en los últimos capítulos de la primera mitad de la temporada.

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Reina de Corazones 

Un gran acierto en esta nueva entrega es la fuerza que Claire Underwood asume en la trama, dejando claro desde un inicio que quiere ser algo más que una figura decorativa en la Casa Blanca. En los trailers promocionales la escuchamos cuestionar a Frank, pero este cuestionamiento no tiene que ver con dudas morales, sino con lo que ella pretende ganar en esta nueva etapa. Todo es sobre Claire: Frank no llegó solo a la presidencia y este es el momento en que su fría y perfecta compañera exigirá ser recompensada por 28 años de sacrificios.

Si House of Cards es una serie sobre depredadores, personajes calculadores que atraen y repelen a partes iguales, unidos por el egoísmo y el instinto de supervivencia, Claire es el animal más peligroso de la manada. Frank ama a esa mujer más que los tiburones a la sangre y por eso ella es la única que puede derrumbar el castillo de naipes.

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House of Cards logra sus mejores momentos cuando se toma menos en serio y deja de dar clases de política, cuando asume lo entretenida que puede ser al sumergirse en las luchas de poder de los Underwood. Pueden interesar las idas y venidas entre demócratas y republicanos, pero es Claire diciéndole sin asco a Frank que planea tener una carrera política, aún cuando él pierda las elecciones, lo que logra mantenernos pegados a la pantalla.

Te cambio 400 tramas con chinos, rusos y políticos por un genuino enfrentamiento entre Claire y Frank. No importa que el avión presidencial parezca salido de la mejor película de Hollywood, nada supera una conversación entre estas dos bestias de la manipulación y la estrategia. Los Underwood siguen siendo la pareja más atractiva y perversa que nos ha mostrado la televisión en los últimos años.

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Uno de los afiches promocionales de la segunda temporada decía: “Detrás de todo gran hombre hay una mujer con las manos manchadas con sangre”. Permítanme estar en desacuerdo con la frase. Claire nunca ha estado tras Frank, está a su lado y, llegado el momento, no dudará en desplazarlo.

Las fuerzas creativas detrás de House of Cards pueden haberse enredado con algunas vueltas innecesarias del guión, pero la esencia de la serie sigue viva en el despiadado matrimonio dispuesto a apropiarse de Washington D.C.

Ahora es cuando la serie debe regresar a lo que sabe hacer mejor, sacando el relleno y enfocándose en lo que realmente importa: la lucha entre Claire y Frank.

Vamos House of Cards, te tengo fe.

La tercera temporada de House of Cards estará disponible a partir del 27 de febrero en Netflix.

 

 

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