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Un verano caliente, lluvioso y con tormenta en Nueva York

zamilo
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Hace unos días fui a un festival de música en el norte del estado de Nueva York. Hudson Music Project se llamaba y esta fue la primera edición. Tocó Modest Mouse y Flaming Lips, había una carpa de EDM (o electronic dance music, la música de los jóvenes de ahora, como si lo fue el punk rock en los 70) y el plato fuerte era Kendrick Lamar, lo único que necesité para convencerme a mi y a mi novia de viajar 2 horas en bus hacia Saugerties, muy cerca de donde se hizo el original Woodstack. De hecho, hay un hermoso pueblito que se llama igual que el festival Hippie.

La cosa es que en el festival todo iba bien. Había unos 15 artistas por día en tres escenarios distintos, varias instalaciones de arte, distintos lugares para hacer camping, harta seguridad, nada de mosquitos y hasta corriente eléctrica para inflar un colchón que llevamos. Teníamos pasaje de vuelta el lunes en la mañana, y cuando llegamos el día viernes rápidamente descubrimos que se podía salir del predio y comprar en alguna de las bencineras que estaban cerca. Tomar unas cervezas en el sector de camping no era tan caro y no nos importaba quedarnos a dormir a noche del domingo, pese a que no habían bandas en vivo. Corrección: no me importaba, porque a mi novia si y con ese poder que tienen las mujeres me convenció de irnos durante la tarde en el último bus a Nueva York que salía a las 5. No puedo estar más agradecido de su idea.

El clima en verano es muy parecido a nuestro invierno, pero sin frío. Las temperaturas pueden llegar a 37 grados (los famosos 100 Farenheit), pero en un par de minutos todo cambia y el hermoso día se transforma en una horrible lluvia. Si a eso le sumamos rayos que alcanzan las antenas de edificios emblemáticos como el One World Trade Center o el Empire State, la situación es alarmante. Y si las noticias dicen que viene un huracán, ahí ya todo se transforma en una película de terror. Este verano me ha tocado todo eso. Lluvias de 10 minutos que te dejan mojado y matan tu celular. Tormentas con rayos y truenos que se mueven rápido hacia el norte, camino a destruirle la velada a alguien en Canada. Y noticias de tormentas que aparecen en segundos y son tan letales como Sandy.

La tormenta y el caos

Lo que pasó el último día del festival en Saugerties fue una de esas tormentas misteriosas. El día anterior hubo una lluvia sorpresiva (pop-up rain, le dicen, como a esa publicidad online de antaño que aparecía de repente) pero nada grave. 15 minutos duró y ya luego todos estábamos gritando frente a un escenario. Quizás deberíamos haber mirado más hacia el cielo. Al siguiente día, y cuando estábamos en el entretiempo de la final entre Alemania y Argentina, paró la música y una voz nos mandaba a evacuar. Se acercaba una tormenta y la policía no quería a nadie sin resguardo.

Lo que siguió fue un caos: gente que había ido a comprar o recién llegaba al festival para ver a Bassnectar, no podía entrar al predio. Otros que estaban escuchando música tenían que irse a sus carpas. A los de las carpas los mandaban a resguardarse en el auto. Y a los que no tenían auto los llevaban en bus de colegio a un gimnasio. Lo que sucedió al otro día fue peor: muchas carpas inundadas, los pocos que estaban ahí jugaron a tirarse en el barro y dejaron una postal que dio vueltas por todas las redes sociales imaginables. Mudson Project le pusieron al festival. Los demás se resguardaron en el auto pero no tenían comida ni agua. Cuando les tocó salir sus autos estaban empatanados y necesitaron ayuda de gruas.

Nosotros a esa altura ya íbamos felices en el bus a Nueva York, dispuestos a tomar el tren a casa. Nunca he estado más agradecido de cuando mi novia se pone mañosa y se quiere ir. Voy a hacerle caso más seguido.

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